8 mar. 2017

EXTERMINIO DE LOS GENTILES


EXTERMINIO DE LOS GENTILES
Por: Smuel Vila

«Ninguna persona dejarás con vida.» (Deut. 20:16)

Una de las mayores causas de tropiezo para muchos lectores de la Biblia, y motivo de aparente triunfo de los enemigos de ella, ha sido la orden dada por Dios de  exterminar a ciertas gentes sin respetar sexo ni edad. «Empero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida; antes del todo los destruirás: al heteo y al amorreo y al ca--neo y al phereseo y al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado.» (Deut. 27:16, 17.) En cuanto a otras ciudades, se ordenó que si pedían paz se les concediera paz y respeto a todos los habitantes, pero si hicieran guerra a los israelitas, se destruyese a los varones adultos, pero se perdonaría a las mujeres y niños. (Deut. 20:10, 15.) Esto respecto a las ciudades lejanas; pero los habitantes de las ciudades que habían de ocupar los israelitas se debían exterminar por completo. ¿Cómo conciliar estas órdenes crueles con la doctrina tan claramente explicada en el Nuevo Testamento, a saber, que «Dios es amor»? Se dice que estos mandamientos no procedían de Dios y que se equivoca el Antiguo Testamento al afirmar que procedían de Dios. ¿Qué decir a esto?

En primer lugar que la ocupación de Canaán por los israelitas y la destrucción de los pueblos cananeos (incluyendo a los poderosos hittitas —o héteos—) que la habitaban, fue una acción divina bien manifiesta, pues la arqueología y los documentos históricos más antiguos, como las cartas de estos poderosos pueblos cananeos a Egipto, recientemente descubiertas, lo prueban contundentemente. Podemos decir, hoy como nunca, que las declaraciones de los espías que Moisés envió a explorar la tierra de Canaán 40 años antes de su ocupación (números 13:32-33) no fueron ninguna exageración motivada por el temor, según decían los escépticos del siglo pasado, sino que las investigaciones arqueológicas e históricas las han acreditado, precisamente en esta última parte del siglo xx.

Solamente una serie de milagros sobrenaturales podían hacer que los israelitas, un pueblo de esclavos escapado de Egipto, reducidos a la desventajosa situación de beduinos por 40 años, pudieran vencer a tales pueblos poderosísimos y bien pertrechados con carros herrados de combate y todos los demás elementos guerreros de aquellos tiempos. Este hecho histórico, confirmado recientemente, acredita nuestra fe en el contenido de las Sagradas Escrituras como libro auténtico, e inspirado por Dios. En segundo lugar, sabemos que estos pueblos eran tan poderosos materialmente, como moralmente degradados. Ya en tiempos de Abraham y Lot la degeneración sexual de Sodoma y Gomorra había generado un pueblo de proxenetas, que ha dado su nombre al vicio degenerativo del tercer sexo (véase Génesis 19:8). Expertos en eugenesia han dicho que si las ciudades de la antigua llanura del mar muerto no hubiesen sido destruidos por fuego en días de Hammurabi y Abraham, se habrían destruido ellos mismos en pocas generaciones a causa de su vicio generativo. Sin embargo, leemos que Dios dijo que en sus días no había la maldad del Amorreno, que habitaba un poco más al norte, en la tierra prometida a Abraham, llegado todavía a su colmo como para ser destruido (Génesis 15:16). Así fue, empero, en los días de Moisés y de Josué. 

Era preciso extirpar la gangrena en todas sus fibras. Operar un cáncer es obra terrible, obra que debe repugnar a cualquier cirujano, pero a menudo operar un cáncer es un gran beneficio. Así el exterminio de los cananeos fue la obra más bienhechora que Dios pudo ordenar para bien de la raza humana, fue la operación quirúrgica para la bendición de la población humana en un punto neurálgico de la tierra habitada, en el centro de tres continentes. En tercer lugar debemos decir que para Dios la muerte no es lo mismo que para nosotros. Para el Creador y sus ángeles, los hombres y mujeres de este mundo somos como reses destinadas al matadero; todos tenemos que morir; por consiguiente, el que sea unos años más pronto o más tarde, no tiene tanta importancia para Dios como para nosotros, que no vemos más que este lado de la vida, los pocos años que estamos aquí. En cambio para el Omnisciente Creador, lo que está al otro lado de la muerte es mucho más importante que lo que tiene lugar en este mundo. Por esta misma razón el exterminio de los hijos de los cananeos no sólo fue una misericordia para el mundo de su época, sino de un modo particular para los niños de  aquella generación.

Si se les dejaba vivir les aguardaba una vida degenerada; en cambio, al ser exterminados, les salvaba de su condición depravada, y lo que les aguardaba después de la muerte no era la perdición (Mateo 19:14). Aún hoy día, tan grande es la desgracia de los nacidos en los bajos fondos de las grandes ciudades, que no faltan personas misericordiosas que piensan que son realmente favorecidos los niños que mueren en la infancia. Bien, dirán algunos, pero ¿por qué no fueron exterminados por una peste o un terremoto, mejor que por las manos de los israelitas? A esta pregunta tenemos una doble respuesta: 1.° Que Dios no quería el exterminio masivo de aquellas gentes por la espada de los israelitas, sino su desalojamiento del territorio que había prometido a Abraham. El pueblo cananeo podía haber huido a territorio inocupado, fuera del área que Dios había dado a Israel. Supieron por 40 años que los israelitas estaban viniendo, y habían oído acerca de los milagros que Dios hizo por ellos en Egipto, pero aparentemente pensaron que sus propios dioses podrían ayudarles a vencer a los invasores. Sabemos, por otra parte, que un buen número de ellos, aguijoneados por otros medios más suaves, y habiendo oído y creído en el poder del Dios de los hebreos, se alejaron prudentemente de aquel lugar durante los 40 años de prueba (véase Éxodo 23:38 y Deuteronomio 7:20), y embarcándose por el Mediterráneo llegaron a las costas del norte de Africa donde constituyeron el poderoso pueblo cartaginés, que un día disputó a Roma el dominio del sur de Europa, y tuvo en jaque a esta gran nación conquistadora durante siglos.

Probablemente fueron las familias más temerosas del Dios de los hebreos, como por ejemplo ocurrió con la familia de Rahab la posadera, mientras que los más recalcitrantes e incrédulos se quedaron en la tierra, pensando que el poder de sus horripilantes y crueles dioses, como Moloch, Baal, Remphan, etc., serían más poderosos que el Jehová de los israelitas. En cuanto a por qué Dios puso en manos de los israelitas la ejecución de su sentencia de muerte sobre aquellos  recalcitrantes pobladores de Canaán, podemos decir dos cosas: 1.° Por qué aquella serie de milagros que representaba la caída de tan poderosos pueblos en sus manos, como lo que ocurrió en el caso de Jericó, sería una lección para los protagonistas acerca del poder invencible de su Dios. Debemos tener en cuenta que los mismos israelitas estaban pasando su curso de educación para años futuros. Por ese método se producía en ellos una profunda impresión de la santidad de Dios y su odio al pecado. 

Se les dijo claramente que al ejercitar los juicios de Dios sobre los cananeos lo habían de hacer «para que no os enseñen a practicar todas sus abominaciones que ellos hacen a sus dioses» (Deuteronomio 20:8). En realidad, por no exterminarles del todo, fueron contagiados los mismos israelitas de su corrupción. ¿Y por qué habían de ser perdonadas las mujeres jóvenes y vírgenes? Los incrédulos se han imaginado que estas niñas se habían de perdonar para objetos de vicio (Deut. 20:10-15; Núm. 31:21-35). «Para el impuro, todo es impuro» (Tito 1:15); pero la Biblia nos enseña todo lo contrario, a saber: cuando los israelitas se atrevieron a entregarse a la impureza con las hijas de Moab fueron ejemplarmente castigados con la muerte. (Núm. 25:1-9.) Fueron también muertas las mujeres envilecidas en Madian (Núm. 31:17), reservándose las niñas no contaminadas, no para servir a la brutalidad, sino para ser educadas para ser esposas y madres en Israel, y algunas lo fueron de personajes notables y aun de reyes. Hay que tener en cuenta que el carácter femenino es más dúctil, sobre todo en aquellos tiempos en que las mujeres eran mucho más ignorantes e infantiles que en nuestros días.

Pero, ¿los niños? ¿No se les podía haber perdonado? Cualquiera que haya tratado a los hijos de padres depravados sabe perfectamente bien cómo los vicios practicados durante generaciones por los padres, aparecen en los hijos, aun cuando se les separa de los malos alrededores, y se les coloque en las condiciones más favorables. Por el poder regenerador del Evangelio este mal se remedia, pero esas gentes vivían muchos siglos antes de proclamarse el Evangelio. Si se hubiese perdonado a los niños varones, éstos, al hacerse hombres, habrían guardado el rencor contra los que exterminaron a sus mayores y buscando a niñas de su propia raza habrían engendrado una generación enemiga de Israel y ávida de venganza. Lo que está ocurriendo hoy con los palestinos.4 Finalmente, el propósito divino para con Israel no era meramente su bendición como pueblo escogido, sino la de todas las naciones. Dios estaba educando un pueblo para que fuera una bendición a todos los pueblos de su alrededor y de la tierra (Génesis 2:3, 18:18, 22:18, 26:4). Este propósito inicial no se cumplió en cuanto a Israel a causa de su dureza de corazón, pero ha sido cumplido plenamente en Cristo (Romanos 11:36).

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