29 jun. 2018

Jesús Adrían Romero afirma que no se debe predicar, sino contar su historia (Video)





El Pastor Dr. Félix Muñoz desde su pagína de Facebook escribió un comunicado exgético sobre lo expresado por el cantante J.A.R. en el cuál expresa:



El Pasado 29 de Mayo 2018, el cantante Jesús Adrián Romero lanzó un video llamado “Cuenta tu historia” en el cual hace ciertas afirmaciones unas dignas de analizar bajo la lupa Escritural. En el mismo afirma que no debemos predicar, sino más bien contar nuestra historia, ¿Qué realidad hay detrás de dicha afirmación?, ¿Es bíblico no predicar?, ¿Qué dicen las Escrituras al respecto?


“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” – 2 Timoteo 4:1-4 (RVR).

Observando el propio contexto inmediato y literario de las Escrituras, Pablo se dirige a Timoteo por última vez antes de ser condenado a muerte y lo hace delante de Dios. Con esto nos da a entender que todo servicio debe llevarse a cabo con el entendimiento de que está siendo observado por la mirada soberanamente omnisciente del que todo lo conoce. El Señor Jesucristo es nombrado aquí como Aquel que va a juzgar a los vivos y a los muertos en la manifestación de su reino. En el original griego se presenta la palabra “kata”, El texto presentado en castellano da la lectura kai «y» (en su manifestación y en su reino) en lugar de “kata”, literalmente se traduce el texto «según» o «en conformidad a», “en su manifestación en conformidad a su reino”, esto demuestra que todo aquello que tenga que ver con el Señor está ajustado a su propia supremacía.

Luego de recordarle a Timoteo que la fuente de la autoridad sobre el creyente son las Escrituras (2 Tim 3:14-17) le ordena que se involucre en el ministerio para el cual las mismas Escrituras preparan al hombre de Dios. En tales tiempos un juramento expresado delante de la deidad era considerado como uno especialmente obligatorio y a la vez era un peligro violarlo, de igual forma un encargo hecho ante Dios era considerado sagrado e inviolable. La costumbre popular de tal era creía que si un juramento era roto, sería vengado por Dios, cuyo nombre estaba involucrado en el mismo. 

El uso de las costumbres culturales de la época llevo a Pablo a la composición del mensaje para el entendimiento claro de Timoteo y sus lectores, primeramente comienza “Te encarezco” del gr. “diamarturomai” su traducción más correcta es “te mando”. El término griego alude “dar una orden o prescripción de cumplimiento obligatorio”. El lector dedicado a las Escrituras rápidamente podrá discernir que es un mandato, no una recomendación, tal mandamiento es uno presentado “delante de Dios y del Señor Jesucristo”. La composición gramatical verdaderamente traduce “en la presencia de Dios, de Jesucristo mismo”, esta es la mejor interpretación porque Jesús es presentado como Juez “, el cual juzgará” (Jn 5:22). Esta orden plasmada en las Escrituras enseñan que todo aquel que ministra la Palabra de Dios están bajo el ojo omnisciente de Cristo (2 Co 2:17; Heb 13:17). El hincapié cae en la responsabilidad que tiene cada creyente ante Dios, y en especial los que predican la Palabra de Dios, para rendir cuentas a Cristo como Aquel que los juzgará. 

El servicio a Cristo se presta bajo su administración y sabiendo que Él como Juez determinará un día el valor de las obras hechas por cada creyente (1 Cor 3:12-15; 1 Cor 4:1-5; 2 Cor 5:10). Se entiende que el tribunal de Cristo no es de condenación, sino de evaluación al creyente. Cabe a aclarar que en relación a la salvación, los creyentes han sido sometidos al juicio divino y declarados justos mediante Jesús, (Rom 8:1-4). Pero aquí Pablo presenta un panorama más general al decir que Cristo juzgará “a los vivos y a los muertos” Él juzgará a todos los hombres en tres escenarios: 

1) el juicio de los creyentes “tribunal de Cristo” (1 Cor 3:12-15; 2 Cor 5:10). 
2) el juicio de las naciones (ovejas y cabritos), en el que los creyentes serán separados de los incrédulos (Mt 25:31-33) 
3) el juicio del gran trono blanco (Ap 20:11-15). 

En relación al juicio en un sentido general se abarca todos estos aspectos y situaciones diferentes, el 1) para creyentes en el tribunal de Cristo, en el 2) para separar a los creyentes de los no creyentes y dar entrada a los suyos a su reino, y en el 3) para juzgar a condenación a los no creyentes, estas 3 etapas abarcan a “los vivos y a los muertos”. Esto se llevará a cabo según “su manifestación”, el significado literal de la palabra griega “epiphaneia” se traduce “aparición” es “refulgir en presencia de todos” y los griegos antiguos la utilizaban para aludir a la supuesta aparición ante los hombres de un dios pagano. Aquí Pablo se refiere en general a la segunda venida de Cristo, cuando Él “juzgará a los vivos y a los muertos” (1 Tim 6:14).

Como prácticamente es usual en las Escrituras aquí “la palabra” significa el mensaje de Cristo el cual constituía el mensaje divino tal como lo eran la ley y los profetas (2 Tim 3:16). En tales tiempos los moralistas grecorromanos discutían sobre el tiempo “apropiado” para debatir, especialmente los discursos francos; Pablo comunica a Timoteo que él debe anunciar el mensaje estén dispuestos o no a escucharlo, esta idea prevalece desde tiempos antiguos donde los profetas tenían que continuar hablando a pesar de las circunstancias y oposiciones (Éx 6:9-13; Jer 6:11, 20:8-9).

Basado en la orden dada Timoteo debía proclamar la palabra (a Cristo). Debía hacerlo con un sentido de urgencia, aprovechando cada oportunidad. El mensaje es siempre a tiempo, aunque hay quienes lo consideren que está fuera de tiempo (Como en este caso J.A.R el cual afirma no prediques). Como siervos de Cristo, cada creyente es llamado a redargüir, es decir, a demostrar o refutar la mentira con las evidenciad de la verdad, todo creyente tiene la obligación ante Dios de reprender lo falso (Efe 5:11). Es preciso que al ser un creyente fiel y verdadero el mismo exhorte a los pecadores a creer y a los santos a proseguir por el Señor. En todo esto, ha de ser constante con toda paciencia en la enseñanza de la sana doctrina. Toda la Palabra de Dios abarca la verdad revelada tal como está contenida en las Escrituras en su totalidad (2 Ti 3:15-16; Hch 20:27). Y la misma presenta el testimonio de Cristo de igual forma, en su totalidad (Lc 24:44-45) para que sea presentado antes los ojos del hombre a Cristo (1 Cor 9:16) por ello Pablo en su mandato a Timoteo le dice “que instes”, esta palabra originalmente tiene varios significados: 1) estar listo para algo repentino (Lc 2:9; Hch 12:7) 2) insistir en algo de manera enérgica (Lc 20:1; Hch 4:1; Hch 6:12; Hch 23:27). Y aquí según el mismo contexto la forma del verbal sugiere la idea de una persona “urgente, preparada y presta”. Esto se empleaba para enseñarles a los soldados que se alistasen a mantenerse preparados para cualquier momento, con el fin que en su guardia estuviesen alerta todo el tiempo para cualquier ataque sorpresivo. La presentación de dicha figura con el uso de la palabra comunica claramente la responsabilidad del predicador, por ello sigue Pablo diciendo que la predicación de la “palabra”, debe ser “a tiempo y fuera de tiempo”. Es la orden de proclamar la Palabra (a Cristo) cuando sea o no conveniente. El creyente debe hacerlo si parece la mejor opción y en caso contrario. 

Nada ni nadie debe alterar el compromiso del creyente de proclamar en todo tiempo la Palabra de Dios (a Cristo). Con ese mismo mensaje el creyente debe redargüir y reprender, es necesario tales acciones por la sencilla razón que es necesario según las Escrituras para que “el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado” (2 Tim 3:16-17). La palabra griega que se traduce “redarguye” es “convencer” y comunica corregir la falsa doctrina con el uso adecuado de los argumentos de la verdad para ayudar a la persona a entender el error de sus acciones, es imposible que otro ser humano vea el error de sus acciones en otro ser imperfecto, si cuento mi historia, y no predico a Cristo, el cual es perfecto y es el estándar moral divino elevado, nunca podrán ser corregidos de sus falsas creencias. Luego de convencer el creyente debe “reprenderlos”, esta palabra tiene que ver con la “corrección de los motivos” de la persona por medio de convencerla de su pecado y conducirla al arrepentimiento, en relación al comunicado de J.A.R. “no prediques cuanta tu historia” es imposible convencer de pecado y corregir a otros con la verdad haciendo uso de una historia personal alejada de la toda suficiencia de Cristo en su Evangelio, de ser así entonces Cristo, Su obra y Su Espíritu son un estorbo, y el mensaje post-modernista humanista es verdadero, ya que el hombre puede encontrar su plena satisfacción ejemplar en otros y no en el Señor. La orden dada en las Escrituras es que el creyente debe “corregir, convencer, y exhortar con la doctrina” y para ello es necesario predicar a Cristo, no una historieta personal. Esto corresponde a “enseñar” e “instruir” mencionado en el mismo contexto inmediato (2 Tim 3:16).

En la antigüedad se consideraba a los profetas que decían a la gente lo que deseaban escuchar como falsos (Jer 6:14, 8:11; Eze 13:10-16; Miq 3:5, Lc 6:26) el comezón de oír claramente es “escuchar lo que uno desea” el comezón de oídos era considerado en tales tiempos como “prestar atención a mentiras”, la pregunta aquí es ¿si la verdad es Cristo, que verdad puede encontrar otra persona en una historia personal y no en la predicación acerca de Él? La respuesta es ninguna, Pablo nos da una poderosa razón para cumplir la orden presentada, y es que habrá un general abandono de la sana doctrina. Aquí se prevé un tiempo cuando la gente exhibirá una repugnancia evidente hacia la enseñanza saludable y preferirá prestar atención a historias sin sentido, y no hay una historia sin sentido más grande que la historia personal. Muchos se apartarán de forma voluntaria de aquellos que enseñan la verdad de la palabra de Dios (a Cristo) rechazándolos, evadiéndolos y tachándolos de mediocres. Esos tendrán comezón de oír doctrinas placenteras y cómodas a su conveniencia para satisfacer su concupiscencia por doctrinas novedosas y gratificantes, buscando para sí maestros que les digan lo que quieren oír.

El anhelo de una predicación adornada hace que la gente aparte de la verdad el oído y se vuelvan a las fábulas. Es un cambio en desventaja: “sacrificar la verdad por las fábulas; es la miserable recompensa de los que rehúsan la sana doctrina”. Las fábulas se refiere a las falsas ideologías, filosofías y perspectivas presentadas en una gran diversidad de formas, que se oponen a la doctrina sana, a la verdad la cual es Cristo (2 Cor 10:3-5; 1 Tim 1:4; 1 Tim 4:7; Tit 1:14; 2 Ped 1:16).

La presentación de Jesús Adrián sobre la exposición de la verdad puede ser considerada como una sin sentido, apartada de la verdad Escritural y carente de valores nutricionales espirituales morales, nadie puede traer cambio a un corazón corrupto de no ser Cristo mediante Su Evangelio, el cual su propósito es producir una condición en el hombre arrepentido que satisfaga el corazón de Dios, no el suyo. La exposición humanista de J.A.R. afirma lo contrario, el cambio puede ser ejecutado con el hombre, en mi opinión personal es una inclinación completamente pietista. Dios nunca envió a los suyos a contar su historia, los envió a contar la de Cristo.

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor – 2 Corintios 4:5 (RVR)”.

- Dr. Félix Muñoz




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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).

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