23 jul. 2014

El resultado del pecado social

El resultado del pecado social
Por: Dr. Félix Muñoz



Leer: Josué 7:1-26

Hay vicios sociales en las estructuras del poder sociopolítico que llevan a los individuos a perpetuar la injusticia, la explotación y las contradicciones sociales. Una determinada estructura puede establecer tendencias pecaminosas entre los individuos. Y si ese pecado se generaliza, llega a convertirse en pecado colectivo, como sucede, por ejemplo, con la codicia y la banalidad de la vida.

Ahora bien, al pertenecer a una comunidad sociopolítica, el individuo adquiere responsabilidades tanto individuales como comunitarias y, por lo tanto, debe tener en cuenta que sus acciones tienen repercusiones sociales y políticas. Puesto que cada individuo forma parte de la urdimbre social, todos sus actos afectan positiva o negativamente al comportamiento social.

Es importante tener en cuenta que existe cierta correlación entre la conducta del individuo y la estructura social. Un diseño social injusto, por ejemplo, puede conducir a los individuos a cometer injusticias en sus relaciones interpersonales y laborales, como sucede con la explotación, la tiranía y la pobreza. Asimismo, las acciones de un individuo pueden llevar a una comunidad al colapso. Cuando la sociedad tiene un comportamiento equivocado, es responsabilidad del individuo tomar distancia responsable de ese comportamiento para generar una contracultura, pero cuando el individuo atenta contra la estabilidad y seguridad de la comunidad, es responsabilidad de esta corregir al sujeto.

Esta doble relación se ve reflejada en el capítulo siete de Josué, donde el pecado de Acán se le imputa a todo Israel. Su vileza llega a ser la vileza del pueblo. Dios había declarado anatema (jerem) a Jericó, por lo que la expuso al exterminio total. Esto implicaba la muerte de todo ser viviente dentro de la ciudad, a excepción de Rajab y sus parientes. Nadie podía hacer uso de las riquezas de la ciudad. Sin embargo, Acán había tomado del anatema un manto babilónico, doscientos ciclos de plata y un lingote de oro. Con ese acto, Acán se hizo anatema e hizo anatema a Israel. El pecado de Acán fue transferido a la nación y, por lo tanto, también su responsabilidad. Por esa razón, Israel fue derrotado en su primer intento de tomar Hai.

El individuo es parte indisoluble de la realidad social y debe cuidar su conducta, ya que esta afecta inexorablemente a toda la colectividad. Acán es una advertencia al pueblo de Dios sobre los efectos colectivos, familiares y personales que tiene el pecado individual.

Acán violó el precepto divino promulgado en Deuteronomio 13:16-18, en el cual se prohibía tomar del anatema, bajo pena de hacerse anatema el culpable. Al violar este precepto, Acán se hizo anatema él y, junto con él, todo el pueblo de Israel (v.1). Según el (v.5) La conquista de Canaán era el desarrollo de una guerra santa, por lo tanto, el pueblo estaba obligado a ser fiel al pacto para poder cumplir con su tarea de conquista. La infidelidad producía serios reveses. Al violar la ley del anatema, el pueblo se hacía anatema y tenía que pagar las consecuencias de tal hecho. Así que la derrota que le infligió Hai era una consecuencia directa de ese pecado.

Al ver el (v.14) encontramos la clasificación (“por sus varones”, del Hebreo: geber) evidencia la conformación de la sociedad israelita (casa paterna, clan y tribu) y las tribus conformaban una confederación, la cual constituía la nación hebrea. La confesión de la culpa era una forma de reconocer que lo que Dios había expresado es cierto; la confesión es una forma de alabar y de honrar a Dios (v.19). Luego de ello al observar el (v.25) encontramos como la muerte de Acán y la de su casa nos muestra la gravedad del pecado y de la violación del pacto. Su pecado había traído vileza a toda la nación hebrea y había provocado grandes males.

Acor llegó a ser símbolo de turbación por causa del pecado de Acán. Acor devela al hombre como un ser responsivo y responsable, toda vez que el individuo debe afrontar las consecuencias de sus actos. El afrontamiento de nuestra conducta y de las consecuencias que esta genera es una radiografía del carácter del sujeto y del grado de conciencia que este haya elaborado. Afrontar las consecuencias de las acciones individuales libra de sufrimientos innecesarios a las personas que conforman nuestro entorno. Acán arrastró a la destrucción a su familia, en primer lugar, por su desobediencia, y luego, por no afrontar adecuadamente su pecado. Debemos cuidar nuestra conducta para que sus nefastos efectos no destruyan a inocentes (v.26).




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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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