26 jul. 2014

La mayordomía cristiana

La mayordomía cristiana

Por: Dr. Félix Muñoz


"Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel - 1 Cor 4:2 (RVR)".

El dar dinero que el cristiano ha ganado es un aspecto importante de cualquier servicio que el creyente brinda a Dios. 

El yo y el dinero son raíces de muchos males, y en el gasto del dinero, como en su adquisición y posesión, se espera que el cristiano esté en una relación de gracia con Dios. Esta relación supone que él primero se ha entregado a Dios con una dedicación sin restricciones (2 Cor 8:5); y una verdadera dedicación a Dios incluye todo lo que uno es y tiene (1 Cor 6:20; 7:23; 1 P 1:18-19) incluyendo su vida, tiempo, fuerzas, capacidades, ideales y posesiones. 

En lo referente a dar dinero, el principio de la gracia incluye el reconocimiento, por parte del creyente, de la autoridad soberana de Dios sobre todo lo que el creyente es y tiene, y contrasta con el sistema legal del Antiguo Testamento de los diezmos que estaban en vigor coma una parte de la ley hasta que la ley fue puesta a lado (Jn. 1:16-17; Ro. 6:14; 7:1-6; 2 Co. 3:1-18; Ga. 3:19-25; 5:18; Ef. 2:15; Col. 2:14). Aunque algunos principios de la ley han seguido y se han reafirmado bajo la gracia, como la observancia del Sabbat, el diezmo no se ha impuesto sobre el creyente de ésta dispensación de gracia. Así coma el día del Señor superó al reposo legal y se ha adaptado a los principios de la gracia de una manera que el Sabbat no podía, el diezmo ha sido superado par un sistema nuevo de dar que se adapta a las enseñanzas de la gracia de una manera que el diezmo no podía hacerlo. 

En 2 Corintios 8:1-9:15 se resume lo que es el dar baja la gracia, ilustrada par la experiencia de los santos de Corinto. En este pasaje descubrimos:  

a) Cristo era su ejemplo. La forma en que el Señor se dio a sí mismo (2 Cor 8:9) es el patrón de toda dádiva bajo la gracia. El no dio una décima parte; lo dio todo. 

b) Su dádiva fue de su profunda pobreza. Aquí se emplea una sorprendente combinación de frases para describir lo que los corintios experimentaron en su acción de dar (2 Cor 8:2): "en grande prueba de tribulación", la abundancia de su gozo, "su profunda pobreza", riquezas de su generosidad. Además, acerca de la liberalidad a pesar de la gran pobreza, debemos recordar que la ofrenda de la viuda (Lc 21:1-4), que fue objeto de elogio de parte de nuestro Señor, no era una parte, sino todo lo que ella tenla. 

c) La donación de ellos no fue por mandamiento ni por necesidad. Bajo la ley, el diezmo era un mandamiento y su pago era una necesidad; baja la gracia Dios no está buscando el don, sino una expresión de devoción de parte del dador. Bajo la gracia no se impone ley alguna, y no se estipula ninguna proporción en el dar; y aunque es cierto que Dios obra en el corazón rendido así el querer como el hacer para su buena voluntad (Fil 2:13), El solamente se agrada en la ofrenda dada con alegría (2 Cor 9:7). 

Si existiera una ley que determinara el monto que debe darse, indudablemente habría quienes tratarían de cumplir con el pago aun contra sus propios deseos. Así la ofrenda de ellos sería hecha "con tristeza" y "por necesidad". Si se dice que para sostener la obra del evangelio debe tenerse dinero sin importar Si fue dado con alegría a can tristeza, podemos responder que lo que cumple con el propósito deseado no es la cantidad dada, sino la bendición divina sobre la ofrenda. Cristo dio de comer a cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Hay evidencias abundantes como para demostrar que, dondequiera que los hijos de Dios han cumplido su privilegio de dar baja la gracia, su liberalidad ha dado coma resultado tener "siempre en todas las cosas todo lo suficiente", lo que ha hecho que los creyentes abunden en buenas obras, porque Dios es poderoso para hacer qué aun la gracia de dar "abunde en cada creyente (2 Cor 9:8). 

d) Los cristianos primitivos "a sí mismos" se dieron primeramente. La ofrenda aceptable es precedida de una completa entrega de sí mismo (2 Cor 8:5). Esto sugiere la importante verdad de que el dar baja la gracia, al igual que el dar bajo la ley, está limitado a una cierta clase de personas. El diezmo jamás fue impuesto por Dios a otra nación fuera de Israel. Así la ofrenda cristiana está limitada a los creyentes y es más aceptable cuando es dada por creyentes que han ofrendado sus vidas al Señor. 

e) Además, los cristianos de la iglesia primitiva daban sistemáticamente. Al igual que con los diezmos, se sugiere una regularidad sistemática en el dar bajo la gracia. "Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado"(1 Cor 16:2). Esta orden ha sido dirigida a "cada uno" (cada cristiano), y esto no excusa a nadie; el dar debe ser de lo que se ha apartado para ello. 

f) Dios sostiene al dador. Dios sostendrá la ofrenda de gracia con sus ilimitados recursos temporales (2 Cor 9:8-10; Lc 6:38). En esta conexión se puede ver que los que dan tanto como la décima parte, normalmente prosperan en las cosas temporales; pero coma el creyente no puede tener relación con la ley (Gal 5:1), es evidente que esta prosperidad es el cumplimiento de la promesa baja la gracia, y no el cumplimiento de promesas baja la ley. Así ninguna bendición es dependiente de un diezmar con exactitud. 

Las bendiciones son otorgadas porque el corazón se ha expresado a través de la ofrenda. Es clara que no habrá ofrenda hecha a Dios de corazón que El en Su gracia no reconozca. En esto no hay oportunidad para que personas astutas se hagan ricos. La ofrenda debe ser de corazón, y la respuesta de Dios será según su perfecta voluntad hacia su hijo. Él puede responder concediendo riquezas materiales, o por medio de bendiciones temporales según Él lo estime conveniente. 

g) Las verdaderas riquezas son de Dios. Los cristianos corintios fueron enriquecidos con posesiones celestiales. Se puede ser rico en posesiones de este mundo y no ser rico para con Dios (Lc 12:21). A tales personas se extiende la invitación de que compren del Señor oro que es refinado en fuego (Ap 3:18). Por media de la absoluta pobreza de Cristo en su muerte, todos pueden ser enriquecidos (2 Cor 8:9); Es posible ser rico en fe (Stg 2:5) y rico en buenas abras (1 Tim 6:18); pero en Cristo Jesús el creyente recibe las "riquezas de su gracia (Efe 1:7) y las riquezas de su gloria" (Efe 3:16). 

"Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia - Rom 6:14 (RVR)".


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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).

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