21 jul. 2014

La vida eterna según Cristo

La vida eterna según Cristo
Por: Dr. Félix Muñoz

"Pero ustedes no creen porque no son de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de las manos del Padre. Yo y el Padre uno somos - Jn 10:26-30 (BMH)".

Contextualmente. En lo que toca a la vida física, Juan no tiene un término abstracto que la designe. Utiliza “psuje” como concreto que denota al individuo humano en cuanto vivo y consciente. Cuando Juan se refiere a la vida eterna, utiliza el sustantivo “zoe” (vida) más el adjetivo “aionios” (eterna). El término “zoe”, acompañado o no del adjetivo “aionios”, significa para Juan una calidad de vida que no está sujeta a la muerte, vida definitiva. 

Es la vida del mundo venidero, diferente en naturaleza a la que es propia de este mundo. En Juan la vida eterna es completamente cristocéntrica (Jn 3:15, 365:40). Jesús vino al mundo para que el hombre tenga vida eterna (Jn 10:2817:2) y en abundancia (Jn 10:10). La vida eterna se presenta como una posesión presente que se recibe cuando se cree en Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios (Jn 20:31). Es la vida que corresponde al hombre que ha nacido de nuevo; brota del Espíritu, hace que el hombre supere su condición de “carne”, forma en él la imagen del Mesías y lo transforma en el hombre nuevo. La vida se encuentra en Dios el Padre (Jn 5:266:57) y la concede al hombre por medio del Espíritu, dado que Dios es Espíritu (Jn 4:24).

Jesús, que posee la plenitud del Espíritu, posee también la plenitud de la vida (él mismo es la vida, Jn 14:6) y dispone de ella como hace el Padre (Jn 5:21, 26).

La identificación entre vida y verdad permite que la vida eterna pueda definirse en términos de conocimiento: conocer al único Dios verdadero y a su enviado (Jn 17:3). No se puede conocer personalmente al Padre si no es en Jesús, puesto que él es el lugar de la presencia divina (Jn 1:14). La resurrección es la permanencia de vida a través de la muerte; la muerte física no es el final: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11:25, 26). De acuerdo con la escatología de Juan, la vida eterna y la condenación eterna ya son una realidad en esta era (Jn 3:18). Sin embargo, Juan incluye una bendición futura: “El que ama su vida, la pierde; pero el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Jn 12:25).



Historicamente. En la “fiesta de la Dedicación” se conmemora la derrota de los sirios, la recuperación de la independencia judía, así como la purificación del templo y la dedicación del altar en 164 a.C. Antíoco IV Epífanes (1 Macabeos 4:56, 59), coronado como rey de Siria (175 y 164 a. C.) decidió helenizar al pueblo de Israel, prohibiéndoles a los judíos que siguieran sus costumbres y tradiciones. Un grupo de judíos al mando de Matatías y sus cinco hijos (que más tarde les llamaron “macabeos”) comenzaron a rebelarse contra los invasores sirios, negándose a realizar actos que iban en contra del culto a Yahvé. A pesar de que eran una minoría frente al ejército sirio y sostuvieron una guerra muy difícil, la ayuda del SEÑOR fue manifiesta proveyendo fe, decisión y una brillante estrategia que finalmente los llevó a la victoria. Cuando la guerra terminó, los macabeos regresaron a Jerusalén para encontrar el templo profanado, el candelabro de siete brazos apagado y aceite ritualmente puro suficiente para encenderlo un solo día. No obstante que tardaron ocho días en conseguir más aceite, el candelabro se mantuvo encendido durante todo ese tiempo. Durante ocho días celebraron aquel evento (1 Macabeos 4:56-59).

Desde entonces la fiesta de la Dedicación se celebra durante ocho días, del veinticinco de “quislev” (diciembre) al dos de “tevet” (o el tres de tevet, cuando “quislev” tiene solo veintinueve días), durante la cual se enciende una januquiá o candelabro de ocho brazos (más uno mayor). La primera noche se enciende solamente el brazo mayor y una vela, y cada noche se va aumentando una vela, hasta el último día en que se enciende por completo el candelabro. La fiesta, tenía un deliberado parecido con la fiesta de los Tabernáculos (2 Macabeos 10:6) en la que se llevaban palmas y se cantaban salmos. Su característica principal consistía en encender muchas lámparas, lo que le ganó el nombre de “fiesta de las luces”. A diferencia de las grandes fiestas, podía celebrarse fuera de Jerusalén. La única referencia en la Biblia a esta fiesta está en Jn 10:22.

AL ver el (v.26) la palabra "Pero" es una fuerte partícula adversativa. Lejos de poner atención al testigo, la actitud habitual de aquellos fariseos es de incredulidad. Una clara idea de predestinación subyace en la razón que se da como explicación del fracaso de ellos: porque no son de mis ovejas. Las ovejas de Cristo lo conocen (JN 10:14), pero el conocimiento de Cristo no es posesión natural de ningún hombre. La fe siempre es un don de Dios.  La proclamación fiel del evangelio, que comprende no solo el uso de la palabra, sino la manifestación cotidiana de la vida de Jesús, siempre dará resultados positivos. Es contraproducente a la causa del evangelio hacer de la proclamación un espectáculo circense, centrado en los supuestos poderes de las estrellas del entretenimiento religioso, o emplear la intimidación o la coacción, pues su objetivo siempre está asegurado: Mis ovejas oyen mi voz… y me siguen. El pastor conoce a sus ovejas porque su Padre se las dio (Jn 10:29) y él les da aquí y ahora la vida de Dios que se manifiesta en amor que se da hasta la muerte, una vida que difiere de la vida que caracteriza a la era actual.

La vida eterna es el don de Jesús. Lo importante está en la calidad, no en la cantidad, aunque este hecho está también presente: los que la reciben no perecerán jamás. Se refiere a la imposibilidad de una caída permanente que termine en pérdida total. El que podamos continuar en la vida eterna no depende de nuestro esfuerzo débil por asirnos de Cristo, sino de la manera poderosa con la que él nos afianza. El pastor conoce a sus ovejas porque su Padre se las dio (Jn 6:29). Ellas lo siguen y él les da aquí y ahora la vida de Dios que se manifiesta en amor que se da hasta la muerte. Difiere de la vida que caracteriza a la era actual. Las ovejas nunca perecerán, es decir, jamás entrarán en el estado de la ira, la condición de ser apartadas de la presencia del Dios de amor. Esta declaración de Jesús es consistente con la enseñanza general de este Evangelio respecto a la relación entre el Padre y el Hijo (Jn 5:19-307:178:28, 55). Una explicación adicional será dada en Jn 10:38 (aunque ya vista en Jn 6): El Padre habita en el Hijo y el Hijo en el Padre. Sugiere que la unidad del Padre y el Hijo no es una concurrencia pasajera de mente y propósito, sino que es esencial y permanente. Con esto da a entender que la salvación de Cristo es perfecta, porque Su obra es perfecta, al morir en la cruz el único ser perfecto para así perfeccionar  a los imperfectos que se rindan a Él (Heb 10:12-17).














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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).

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