6 ene. 2015

El Modelo Familiar Bíblico.

El Modelo Familiar Bíblico
Por: Dr. Félix Muñoz

" Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne - Gén 2:24 (RVR)." 

I-El modelo Bíblico familiar 

Al ver las declaraciónes expuestas en Génesis 2:24, podemos entender el orden establecido por Dios y sus principios de aplicación para la familia. 

I- Dejará. 
  • Transición (Cambios). 

II- El hombre. 
  • Madurez. 

III- A su padre y a su madre. 
  • Lleva consigo un modelo familiar para establecer el suyo propio conforme el ejemplo adquirido. 

IV- Y se unirá a su mujer. 
  • Denota: "Un nuevo vinculo familar propio" Establecer patrones y ordenes en tal vinculo, no arrastrando costumbres, sino llevando el ejemplo de lo que es la Familia en sí." 

V- Y serán una sola carne. 
  • Denota: Unión sexual, espiritual y emocional." Caracteres moldeados en unidad con una fuente de Autoridad plena (Dios).

II-Las responsabilidades del esposo y la esposa 

Al momento de la creación, Dios les asignó diferentes papeles al hombre y a la mujer. El hombre fue creado para trabajar y guardar el Huerto: Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” La mujer fue diseñada para ayudar al hombre en sus tareas: Génesis 2:18: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” 

Ellos tenían dos papeles muy distintos. Sin embargo, ambos fueron creados a la imagen de Dios, y por lo tanto, sus papeles eran iguales en valor, pero diferentes en función: Génesis 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” En la creación, todo era bueno en gran manera. Esto papeles fueron asignados antes de la caída. 

Después de la caída, Adán continuó proveyéndole a su familia (Génesis 3:17: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”) y Eva, quien daría a luz los hijos y los criaría (Génesis 3:16, 20: “16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. 20 Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes.”) Los castigos debidos a la caída, no dictaron sus papeles; estos, simplemente complicaron los ya existentes papeles. Cuando Adán y Eva se escondieron, Dios llamó de primero a Adán, aun cuando Eva había cometido el pecado: Génesis 3:9: “Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?” Claramente, Dios colocó a Adán como el líder, sin embargo, Adán decidió ser pasivo. 

Eva tenía el papel de ayudadora, pero lo había violado, tomando el liderazgo: Génesis 3:6: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” En la caída, los papeles se habían invertido. El modelo bíblico de los papeles dentro del matrimonio continuó a través del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento los papeles no cambiaron, pero se les dio un énfasis especial de que el hombre y la mujer eran todavía iguales delante de los ojos de Dios: Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” 

Y esto, a pesar de que funcionan de forma diferente dentro del hogar y la iglesia. En el Nuevo Testamento, los papeles del marido y la mujer son simbólicos de Cristo y Su iglesia. Los hombres cristianos están para amar a sus mujeres, entregando sus vidas por ellas: Efesios 5:25: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,” Ellos todavía mantienen el liderazgo, pero este debe ser el de servidor líder. 

Los maridos no están para demandar obediencia, sino que están para guiar humildemente y darles honor a la mujer: 1ª Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” Bíblicamente, es claro que las mujeres no son vistas como ciudadanas de segunda clase, sino iguales con sus esposos, “y como a coherederas de la gracia de la vida…” Para el hombre, los papeles bíblicos continúan hasta el Nuevo Testamento: El hombre está destinado a liderar y servir amorosamente a su esposa.
La Biblia exalta la feminidad en el hogar y establece una gran importancia en esta: Tito 2 y Proverbios 31. Desde la creación, el papel de la mujer no ha cambiado. En Tito 2, Pablo recomienda a las mujeres que amen a sus maridos e hijos: Tito 2:4: “que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,” En la iglesia, las mujeres de más edad estaban para enseñar a las más jóvenes a que cuidaran de sus familias, incluyendo el cuidado del hogar: Tito 2:5: “a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” 

Las mujeres deben seguir el liderazgo de sus maridos con respeto, escogiendo someterse a ese liderazgo: 1ª Pedro 3:1-4: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa. 3 Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, 4 sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.” Una mujer puede ser una gran bendición y ayuda para su esposo, así como Eva lo fue a Adán al principio de la creación. 

La Escritura no le prohíbe a una mujer trabajar fuera del hogar. Parecería que algunas mujeres tuvieron negocios (Proverbios 31). Pero la prioridad de una mujer es a su esposo, familia y vida hogareña. Los hombres y las mujeres fueron creados con habilidades diferentes para llevar a cabo estos papeles bíblicos. Y cuando los esposos y esposas siguen el modelo bíblico dentro del hogar, ellos traerán gloria a Dios como una fotografía de Cristo y Su iglesia 

III-¿Qué significa que una esposa se somete a su esposo? 

En el mundo de hoy, uno de los conceptos más difíciles de aceptar en la Palabra de Dios es la sumisión bíblica. La palabra “sumisión” no se limita sólo a las esposas: Los cristianos deben someterse unos a otros: Efesios 5:21: “Someteos unos a otros en el temor de Dios.” Los cristianos deben someterse a las autoridades: Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” 

Los cristianos deben someterse a Dios: Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” Este concepto se encuentra con frecuencia en la Biblia. Pero en cada circunstancia, se requiere entrega. La sumisión no debe ser vista como fácil o que siempre sea conveniente. Más bien, es vista como un servicio a Dios. La palabra griega para “someterse/sujetarse”, es “jupotásso”, que significa, “subordinar”, o en forma deliberada, “obedecer”. Dios exhorta a las mujeres a seguir voluntariamente el liderazgo de sus maridos: Efesios 5:22: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;” 1ª Pedro 3:1: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas,” Una mujer se encuentra haciendo esto de forma activa; escoge colocarse a sí misma bajo el liderazgo, estando subordinada en una circunstancia o relación. El receptor no debe forzarla a ella.
Una esposa muestra sumisión a su esposo cuando ella le permite a él que tome el liderazgo en la relación. Su posición, como líder, es bíblica: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” (1 Co 11:3). Sara, la esposa de Abraham, es un ejemplo de una mujer que sigue el liderazgo de su marido: “como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza.” (1 P 3:6). 

Sara nunca ha sido confundida como a una mujer que se le permitió ser pisoteada. Note que Pedro afirma que Sara, no temió “ninguna amenaza”. Por lo tanto, la sumisión no debe ser confundida con la debilidad de una persona. A las mujeres no se les ordena que se sometan a sus maridos porque Dios se asegura de que los hombres serán justos o amorosos. Cuando una mujer se somete a su esposo, realmente ella se está sometiendo a Dios: Efesios 5:22: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;" Por lo tanto, cuando una mujer se somete a su esposo no lo hace porque él merezca, desde la perspectiva humana, algún mérito. Ella se somete porque sabe que es agradable a su Señor, y que por derecho divino, Dios estableció al hombre como líder y una mujer deberá creer que Dios, es bueno. Ella también puede saber que nada escapa a la atención de Dios; y un hombre malo, tendrá que rendir cuentas de sus acciones. 

Cuando una esposa se somete a su marido, ella no trata de quitarle su liderazgo. Desde el principio de los tiempos, la mujer ha tratado de quitarle al hombre su liderazgo; y con frecuencia, el hombre le ha cedido su liderazgo (Génesis 3). Algunos eruditos creen que Génesis 3:16 (“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.”), se refiere al nuevo pecado, el cual llevó a Eva ha anular la jefatura de su esposo en el liderazgo, lo cual, ha continuado en la descendencia femenina. Las mujeres usan muchas tácticas para tratar de tomar el control del liderazgo, incluyendo la crítica, el engaño y la manipulación. Esto con frecuencia resulta en pecado y con consecuencias lamentables (Génesis 27). 

Cuando una mujer recurre a esas tácticas, ella, lo que está haciendo, es usurpar el buen diseño de Dios en el papel de la relación; por lo tanto, una esposa sumisa debe primeramente, aprender a confiar en la bondad de Dios y en Su soberanía. Sin embargo, una esposa sumisa no está relegada a mantenerse ociosa esperando que sea el marido quien tome todas las decisiones de la familia. En un matrimonio saludable, el esposo y esposa trabajan como un equipo. Cuando una decisión no se puede acordar conjuntamente, el líder es quien la toma, sabiendo que él es el responsable delante de Dios por esa decisión. En esas circunstancias o en una decisión que debe ser tomada sólo por el marido, una esposa sumisa no excederá sus límites ofreciendo consejo. 

Ella debe hacerlo de una manera que muestre respeto a la posición que Dios le ha dado al hombre como cabeza de la familia. Una esposa sumisa ofrece también abundante ánimo, entendiendo que tomar decisiones es una responsabilidad pesada en los hombros de un hombre. Algunas mujeres no están satisfechas con esto. Ellas quieran estar a cargo. Pero bíblicamente, el matrimonio no funciona de esa manera. La unidad requiere una estructura relacional. Este patrón lo vemos en otras relaciones. Pero la sumisión, nunca es una señal de valor. Jesús se sometió a la voluntad de Su Padre: “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” (Mt 26:39). 

Sería una herejía decir que Jesús es de un menor valor que el Padre. Ellos son Uno y por lo tanto, Jesús no puede ser de menor valor. Su sumisión no tiene nada que ver con Su valor; esto, tiene que ver con Dios; con una estructura ordenada. Lo mismo es con el esposo y esposa. Sumisión necesita humildad. También toma mucha oración y confianza en el Espíritu Santo. Lo mismo ocurre con el liderazgo piadoso. Las mujeres pueden mirar el ejemplo de Jesús y reflejar Su amor y sacrificio en la medida que escojan amorosamente al marido que Dios ha colocado en sus vidas. 

IV-¿Es esclavitud la sumisión de una esposa a su marido? 

En nuestra cultura, la palabra “sumisión” ha sido mal usada y abusada. Muchos piensan en “esclavitud” y el hecho de que una mujer puede ser “pisoteada” cuando la palabra es usada. Es fácil permitir que la cultura cambie el significado de un término. Los puntos de vista culturales acerca de la sumisión permiten que una persona débil sea usada por una persona más fuerte o que una persona en menor posición social valga menos y sus derechos sean pisoteados por alguien de una mayor posición social o “valor”. Pero esto, no es lo que la Biblia quiere decir cuando se refiere a “sumisión”. 

Con frecuencia los pecadores tuercen y pervierten el término pero esto, no cambia el concepto bíblico de sumisión. 

Primero: La sumisión es realmente una acción voluntaria de la esposa. El Señor les ordena a las esposas que se sometan a sus esposos (Ef 5:22; 1 P 3:1). Sin embargo, no hay ningún lugar en la Escritura en el que los maridos les ordenan a sus esposas a que se sometan a ellos. Una esposa escoge seguir el liderazgo de su esposo. De otro lado, los esclavos no escogen seguir al amo. Sus decisiones están regidas por sus amos. Cuando una mujer se somete a su esposo, realmente, ella se está sometiendo al Señor. Este es un acto de adoración y amor para su salvador, no uno de debilidad esclava. 

Segundo: Una mujer no está obligada a someter todo a los deseos del esposo. Cuando un marido desea que su esposa haga algo que no es bíblico, ella está obligada a obedecer al Señor antes que a su esposo. Pedro y Juan lo dejaron claro delante del Sumo Sacerdote, el Concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, después de ser liberados de la prisión (Hch 5:17-42). Cuando a ellos se les ordenó no hablar más en el nombre de Jesús, respondieron: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” (v. 29). A ellos se les pidió que hicieran algo contrario a las palabras de Jesús (Mt 28:18-20). 

Ellos no estaban obligados a obedecer este requisito. Un marido no creyente puede pedirle a su esposa cristiana que deje de asistir a la iglesia. Pero ella no está obligada a obedecer en esta circunstancia. Su mayor alianza es hacia el Señor y la comunión entre creyentes es bíblica. Algunas mujeres son presionadas para dejar que la pornografía entre en la relación de matrimonio. Sin embargo, la pornografía es adulterio en papel y una mujer no está obligada a someterse a este requisito pecaminoso. Los esclavos están obligados a obedecer cualquier deseo de sus amos; una esposa no está obligada a cumplir deseos que excedan los preceptos de la obediencia bíblica y por lo tanto, ella no es una esclava de su esposo. Se puede plantear la pregunta, ¿del por qué un esposo no tiene que someterse a la esposa? Si los hombres y las mujeres son creados a la imagen de Dios, y por lo tanto son de igual valor, ¿por qué entonces se le ordena solo a la mujer que se someta?
No se deberá concluir que un hombre es libre de hacer cualquier cosa que él escoja hacer. Él debe someterse a Dios y en cierta medida a la autoridad de la iglesia (Mt 18:15-17; 1 Co 11:3). Un hombre debe sostener un estándar de obediencia alto. Él, no sólo debe someterse a Dios, sino que también debe liderar a su esposa de forma auto-sacrificial: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,” (Ef 5:25). No todo esposo hace esto, pero una esposa debe saber que la sumisión de ella es “hacia” el Señor; en obediencia a Dios, la cual, tiene un significado eterno y será un testimonio para otros: 1ª Pedro 3:1-2: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa.” 

Dios ha creado una estructura de relación por la cual el marido es la cabeza (líder) de la esposa: 1ª Corintios 11:3: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” Esto, no tiene nada que ver con valor, porque tanto el esposo como la esposa son creados a la imagen de Dios y ambos son co-herederos del evangelio. Pero si existe un líder, debe haber alguien que sigue. Esta relación de marido como el líder y de la esposa como la seguidora, es realmente un retrato de Cristo y Su esposa, la Iglesia (Ef 5:25-32). Cuando una mujer se somete voluntariamente, ella señala ese retrato, trayendo gloria a Dios. 




Fuentes:
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*www.vidayverdad.net. Tomado de diversas fuentes de información en conjunto de CARM (Christian Apologetics Research Ministry-Shelley Ritter/Shelley Poston).

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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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