17 feb. 2015

LA VERDADERA REVELACIÓN, ES LA ESCRITURA, LA PALABRA DE DIOS

LA VERDADERA REVELACIÓN, ES LA ESCRITURA, LA PALABRA DE DIOS

Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios, grabada sobre las tablas - Éxodo 32:16



El cristianismo es el verdadero culto y servicio al verdadero Dios, Creador y Redentor de la umanidad. Es una religión que se apoya en la revelación: nadie sabría la verdad acerca de Dios, ni se podría relacionar con Él de una manera personal, si Él no hubiera actuado primero para darse a conocer. Pero Dios ha actuado así, y los sesenta y seis libros de la Biblia, treinta y nueve escritos antes de venir Cristo, y veintisiete después de que hubo venido, constituyen juntos el registro escrito, interpretación, expresión y prototipo de su autorrevelación. 

Dios y la santidad son los temas que unen toda la Biblia. Desde un punto de vista, las Escrituras (Escrituras significa “escritos”) son el fiel testimonio de los santos a favor del Dios al que ellos amaron y sirvieron; desde otro punto de vista, y por un ejercicio exclusivo mediante el cual Dios dominó su composición, son el testimonió y las enseñanzas del propio Dios, con forma humana. La Iglesia les llama “Palabra de Dios” a estos escritos, porque tanto su autor como su contenido son divinos.

La seguridad decisiva de que las Escrituras proceden de Dios y están compuestas en su totalidad por su sabiduría y verdad, procede de Jesucristo, y de sus apóstoles, que enseñaron en su nombre. Jesús, Dios encarnado, consideraba su Biblia (nuestro Antiguo Testamento) como las instrucciones escritas de su Padre celestial, que Él tenía que obedecer tanto como los demás (Mateo 4:4, 7, 10; 5:19–20; 19:4–6; 26:31, 52–54; Lucas 4:16–21; 16:17; 18:31–33; 22:37; 24:25–27, 45–47; Juan 10:35), y que había venido a cumplir (Mateo 5:17–18; 26:24; Juan 5:46). 



Pablo describe el Antiguo Testamento como totalmente “inspirado por Dios”; esto es, producto del Espíritu (“aliento”) de Dios, de la misma manera que el cosmos (Salmo 33:6; Génesis 1:2) y escrito para enseñar a la cristiandad (2 Timoteo 3:15–17; Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11). Pedro sostiene el origen divino de las enseñanzas bíblicas en 2 Pedro 1:21 y 1 Pedro 1:10–12, y esto mismo hace con la forma en que cita los textos el autor de la epístola a los Hebreos (Hebreos 1:5–13; 3:7; 4:3; 10:5–7. 15–17; cf. Hechos 4:25; 28:25–27).

Puesto que las enseñanzas de los apóstoles sobre Cristo son en sí mismas verdad revelada en palabras ense ñadas por Dios (1 Corintios 2:12–13), con todo derecho, la iglesia considera los escritos apostólicos auténticos como aquellos que completan las Escrituras. Pablo ya se refería a las cartas de Pablo como parte de las Escrituras (2 Pedro 3:15–16), y es evidente que Pablo está llamando Escrituras al evangelio de Lucas en 1 Timoteo5:18, donde cita las palabras de Lucas 10:7.



La idea de unas líneas directrices escritas procedentes de Dios mismo, como base para una vida santa, se remonta al acto divino de escribir el Decálogo en tablas de piedra, e indicarle después a Moisés que escribiera sus leyes y la historia de su trato con su pueblo (Éxodo 32:15–16; 34:1, 27–28; Números 33:2; Deuteronomio 31:9). Interiorizar este material, y vivir de acuerdo con él, fue siempre central en la consagración genuina de Israel, tanto para los líderes como para la gente común y corriente (Josué 1:7–8; 2 Reyes 17:13; 22:8–13; 1 Crónicas 22:12–13; Nehemías 8; Salmo 119). El principio de que todo debe ser gobernado por las Escrituras; esto es, por el Antiguo Testamento y el Nuevo tomados en conjunto, es igualmente básica para el cristianismo.

Lo que dicen las Escrituras, es Dios quien lo dice, porque, de una manera sólo comparable al misterio de la Encarnación,  [p 17] más profundo aún, la Biblia es al mismo tiempo humana por completo, y divina por completo. Por consiguiente, debemos recibir todo su variado contenido—historias, profecías, poemas, cánticos, escritos sapienciales, sermones, estadísticas, cartas y cualquier otra cosa—como procedente de Dios, y debemos reverenciar todo cuanto enseñan los escritores de la Biblia como instrucción de origen divino y poseedora de toda autoridad. Los cristianos nos debemos sentir agradecidos a Dios por el don de su Palabra escrita, y aplicarnos con ahínco a fundamentar nuestra fe y nuestra vida total y exclusivamente en ella. De no hacerlo así, nunca lo podremos honrar ni agradar como Él nos llama a hacerlo.



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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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