19 may. 2015

¿POR QUÉ ESTUDIAR LA HISTORIA DE LA IGLESIA?

¿POR QUÉ ESTUDIAR LA HISTORIA DE LA IGLESIA?
Por: Carlos Astorga


Para muchos, la historia es tan odiada como las matemáticas. Otros la consideran un tema interesante, pero irrelevante. Algo que solo sirve para entretener la mente. Pocos son los que reconocen el valor de conocer, recordar y aplicar las lecciones de la historia a la vida presente.
Queremos iniciar una serie que recorra a través la historia de la iglesia. Uno de nuestros propósitos es que usted pueda descubrir la importancia del conocimiento y la aplicación de la historia, y en particular de la historia de la iglesia cristiana en nuestro contexto presente. Nuestro conocimiento de la historia puede salvar a la iglesia de divisiones y pecados innecesarios; puede también traer aliento y esperanza en tiempos de prueba; puede incluso salvarnos de herejía y/o apostasía. En contraste, ignorar la historia de la comunidad de la fe a través de los siglos invariablemente llevará a la iglesia local a cometer muchos de los mismos errores, fracasos, corrupción y herejías de la iglesia en el pasado.
Existen muchas razones que demuestran el alto valor de conocer la historia y en especial la historia del cristianismo. Aquí presentamos algunas de las más importantes en nuestro contexto actual:


1. El cristianismo es en esencia una fe histórica

La fe cristiana descansa sobre hechos históricos específicos que poseen valor y trascendencia eterna. A través de los siglos, los críticos del cristianismo han buscado atacar, refutar y negar la realidad histórica (la “historicidad”) de eventos tales como la creación, el llamado de Abram, el reinado de David, y el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús. ¿Por qué es tan importante para los no cristianos negar estos eventos? La razón es simple. Si estos eventos son históricamente falsos, entonces el cristianismo también es falso. La Biblia misma nos enseña esta verdad. Considere el siguiente pasaje en relación a la resurrección de Jesús:            
Pero si se predica de Cristo que resucitó de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… y si Cristo no resucitó vuestra ve es vana… Si en esta vida solamente esperamos en Cristo somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres, 1 Corintios 15:12-141719.

Es evidente que si la resurrección de Jesús de entre los muertos no es un hecho verdaderamente histórico, entonces el cristianismo es digno de burla y los cristianos dignos de lástima. El mismo razonamiento se puede aplicar a la historicidad de la obra de Dios en la creación del mundo y del ser humano, y otros muchos eventos importantísimos para nuestra fe.

2. Dios nos invita a conocer la historia y aprender de ella

En la Biblia, el olvido es frecuentemente asociado a la apostasía. El pueblo de Dios es constantemente alentado a recordar el pasado y reconocer la obra de Dios en la historia y su fidelidad para cumplir sus juicios y promesas a través de los siglos. Considere la importancia de la historia en uno de los pasajes más importantes de la Ley y del Antiguo Testamento. Al leer esta porción de Deuteronomio 6, pregúntese a si mismo, ¿es posible cumplir esta exhortación sin conocer el pasado del pueblo de Dios?:
Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros… Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes… Cuando Jehová tu Dios te haya introducido a la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob que te daría… cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre, Deuteronomio 6:1-12.

De pasajes como este, es evidente que no es posible vivir en buena relación con Dios en el presente cuando se ignora la obra de Dios en el pasado. Es la historia de los actos de Dios la que informa nuestra fe y nuestro comportamiento en el presente. La obra de Dios en la historia no terminó con la muerte de los apóstoles en el primer siglo. Dios es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Tal como él obraba en los tiempos bíblicos, nuestro Dios soberano ha seguido obrando por medio de su Espíritu en la iglesia por casi 2000 años. Ignorar la historia es ignorar la obra de Dios y la fidelidad constante de sus juicios, sus promesas, su gracia y su misericordia.    

3. Conocer la historia de la iglesia corrige nuestra presunción sobre el presente

Un teólogo dijo en alguna ocasión que algunos evangélicos bien pudieran definir la “historia de la iglesia” como “el estudio de cómo todo mundo malinterpretó la Biblia hasta que llegamos nosotros”. Tendemos a ser muy optimistas respecto a nuestra condición presente cuando la comparamos con el pasado. Frecuentemente vemos al pasado como “primitivo”. El estudio de la historia de la iglesia es un fuerte antídoto contra esta arrogancia contemporánea. Nos permitirá descubrir la deuda tan grande que tenemos a tantos y tantos pastores, teólogos y santos del pasado quienes hicieron posible que la fe cristiana fuera preservada fiel y llegara hasta nosotros para concedernos salvación en Jesucristo. No es posible admirar correctamente nuestra condición presente si no conocemos la forma en que ha sido influenciada y determinada por el pasado.

4. El estudio de la historia nos preserva de divisiones y herejías

Los historiadores Bradley y Muller realizan la siguiente afirmación en su libro (p.62) sobre metodología histórica:


“La iglesia moderna, usualmente a causa de su ignorancia de los padres de la iglesia, ha tendido a duplicar en su teología muchos de los errores y problemas de los primeros cinco siglos del pensamiento Cristiano”.                                                    
Esta afirmación nos recuerda el famoso dicho popular que afirma que “aquél que no conoce la historia está condenado a repetirla”. Estudiar la historia de la iglesia hace evidente que muchas iglesias en el tiempo presente sufren de la misma decadencia en su fe y práctica experimentada por otras iglesias cristianas en el pasado. En muchos de los casos, estas iglesias ignoran que la solución a sus problemas se resolvió hace muchos siglos. El estudio de la historia nos ayudará a evitar, o al menos resolver, muchos de nuestros problemas. Pero lo que es más importante, nos ayudará a evitar la apostasía y la herejía.

5. El estudio de la historia nos ayuda a entender mejor al ser humano

El Dr. John Hannah, profesor de historia y teología histórica del Seminario Teológico de Dallas suele decir:
“Si algo he aprendido de la historia de la historia de la iglesia es que gente muy buena hace cosas muy malas por muy buenas razones y que gente muy mala hace cosas muy buenas por muy malas razones”.
Esta afirmación pudiera parecer cómica, pero ilustra en breves palabras la extraña y compleja realidad del ser humano en su grandeza y su miseria. La historia eclesiástica, al igual que la iglesia universal, esta llena de héroes y villanos. De mujeres admirables lo mismo que otras sagaces y crueles. Al estudiar la historia adquirimos una nueva habilidad para separar el mito de la realidad y aprendemos a valorar la obra de Dios y su poder para utilizar a personas pecadoras. En la historia encontramos exhortación y aliento; esperanza y advertencias. En ella descubrimos a Dios obrando por medio de un grupo de personas imperfectas pero redimidas y transformadas por gracia.
Existen muchas otras razones para explorar la historia de la iglesia: la forma en que el estudio de la historia puede ayudarnos a evitar las divisiones en la iglesia, a preservar una teología sana, a perseverar en la fe, a comprender el abundante legado histórico que posee nuestra práctica cristiana, a tener una fe balanceada y libre de extremismos, etc. En conclusión, podemos decir que existen suficientes razones que juntas construyen un caso convincente a favor del estudio de la historia de la iglesia, y eso estaremos haciendo en las próximas semanas.



Carlos Astorga nació en la Ciudad de México y creció en Monterrey. Tiene grados en Ciencias Computacionales y Teología Histórica. Ha servido en funciones pastorales, docentes y de tecnología de información por más de 25 años. Actualmente trabaja en Wheaton College, donde sirve en áreas de tecnología en la educación cristiana superior. Sirve además como maestro invitado en diferentes organizaciones misioneras y forma parte de la facultad del Instituto Ideal del Seminario de Denver. Carlos vive en Saint Charles, Illinois junto a su esposa Miriam y sus tres hermosas hijas: Elisa, Carolina y Sofía.

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