14 ago. 2015

Analizando Eclesiastés 9:5

Analizando Eclesiastés 9:5


Uno de los pasajes esgrimidos por quienes no creen en una vida inmediata y consciente después de la muerte es Eclesiastés 9:5. En mis muchos debates por internet sacan este texto, por inercia y aun sin pensar, demostrando que lo muestran porque alguien se los enseñó y no porque se detuvieron a analizarlo. 

Entonces, ¿por qué lo muestro aquí? Primero: porque me parece bien que mis hermanos lo conozcan y estén preparados para responder. Segundo: porque el que lo cita sin conocerlo debe conocer la verdad. Así que vayamos al texto, primeramente en la versión Reina Valera de 1960, que es la más usada: 



"Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido."

Si segmentamos el texto en tres fragmentos, tenemos:

"Porque los que viven saben que han de morir..."
Los que viven saben que han de morir. Usted que vive, ¿sabe que ha de morir? Obviamente. ¿Cuándo? Ese es el detalle: no sabemos el cuándo, pero aunque contamos nuestros días, aunque sabemos nuestra edad, aunque sepamos si estamos enfermos o no, sabemos ciertamente que moriremos. Así que los que viven, nosotros, sabemos que hemos de morir, y eso no es problema alguno. Sigamos...


"...pero los muertos nada saben, ni tienen más paga..."
Aquí comenzamos con "pero", es decir, con un contraste. Esto quiere decir primeramente que estamos hablando de lo mismo, y también que hay algo que diferencia a esto con lo que venimos hablando. Entonces, ¿qué es lo que los muertos no saben? Los vivos saben que han de morir, pero los muertos no pueden saber si han de vivir o no, ¿es eso? Para saberlo plenamente hay que leer lo que sigue: "ni tienen más paga".

En la Nueva Versión Internacional (NVI) lo leemos así: "Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues su memoria cae en el olvido". Y al vertir este pasaje en un lenguaje más actual podemos verlo mejor: "pero los muertos no saben nada ni esperan nada", y al leerlo así, podemos saber que los muertos no esperan nada de lo que esperan los vivos. 



Entonces, los vivos saben que algún día van a morir, llevan contados los días, llevan contados sus años, pueden ver aproximarse ese momento con el desgaste de su cuerpo físico, pero los que están muertos no esperan nada de esto, no pueden contar los años (porque el tiempo no les afecta), así que no tienen esa esperanza. Y la última parte dice:


"...porque su memoria es puesta en olvido"
Aquí la NVI dice "pues su memoria cae en el olvido". Este "pues" es un enlace para darnos la razón de las dos primeras oraciones, un "porqué". Entonces su memoria, ¿cuál memoria? La memoria de contar como contaban cuando estaban en vida. Es digno de destacar que por ninguna parte se nos dice en este verso que después de morir quedamos inconscientes, sin vida, etc. Se hace un contraste con lo que pasa antes y después de morir acerca de la esperanza, y simplemente se nos acota que la esperanza y el tiempo antes de morir sólo está presente antes de morir, nada más.

Entonces cabe preguntar ¿Es razonable usar este texto para inferir que después de esta vida no hay existencia? No. Y es lógico que mucha gente lo cite sin conocer lo que dice realmente.



En su libro "Respuestas a las sectas", Geisler y Rhodes afirman sobre este texto:
Los pasajes que dicen que no hay conocimiento ni memoria después de la muerte, hablan de ninguna memoria en este mundo, no de ninguna memoria de este mundo. Salomón claramente matiza su observación diciendo que "era en el sepulcro" (Ec 9:10, NVI) que no había memoria. Afirmó también que los muertos no saben lo que pasa "debajo del sol" (9:6). Los muertos no saben nada en lo que respecta a sus sentidos corporales y los asuntos mundanos. 

Y culmina diciendo:
Estos textos se refieren a los seres humanos en relación con la vida en la Tierra. No dicen nada acerca de la vida que ha de venir inmediatamente después de ésta.

También tenemos el comentario de Tomás de la Fuente en su libro "Claves de Interpretación Bíblica" (Pág 59) en el que aclara:
El problema está resuelto cuando se comprende que el escritor de Eclesiastés no hablaba del destino del alma, sino solamente del cuerpo, muy aparte de lo que pueda haber hecho durante su vida.

Igual, June Hunt nos cuenta brevemente en su libro "Claves Bíblicas para Consejería" es que 
los muertos no tienen conocimiento ni sentimientos acerca de lo que sucede en la tierra, ni tampoco capacidad de intervenir en las cosas de los vivos"
Podemos citar el verso siguiente para darle el toque final: "También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol." ¿La razón de todo esto? Porque no habla de la vida del más allá, sino de esta. Es como si el escritor de Eclesiastés admitiera su poco conocimiento de la vida después de la muerte, y simplemente compara con ésta lo que sabe de ésta. Por eso no podemos admitir (como resuelta y erróneamente lo hacen otros) que aquí se infiere la no existencia después de la muerte.

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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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