18 ago. 2015

"El que es de Dios, las palabras de Dios oye"

"El que es de Dios, las palabras de Dios oye" 
Por: Dr. Félix Muñoz


Leer: Juan 8:47-59 (RVR)".



Jesús confronta una vez más a los judíos con su modo de obrar. Ser hijo no es algo estático, sino profundamente dinámico; el lazo de sangre tiene que expresarse en un proceder similar. 

Si ellos no actúan como Abraham, entonces no son sus hijos; los hijos aprenden lo que ven hacer a su padre (Jn 5:19). Si ellos hacen lo opuesto a Abraham, no son hijos suyos, deben ser hijos de un padre distinto.



Si alguien verdaderamente ama a Dios, oirá y obedecerá las palabras de Dios.
Los judíos, por su rechazo, mostraban que realmente no pertenecían a Dios. Es evidente por el versículo 47 que el Señor Jesús declaraba que hablaba las mismas palabras de Dios. No podía caber confusión alguna a este respecto.

Una vez más los judíos recurrieron a un lenguaje insultante, porque no podían
replicar a las palabras del Señor Jesús de ninguna otra manera. Al llamarle samaritano, emplearon de manera carente de sentido un insulto étnico. Era como si quisiesen decir que no era un judío puro, sino que era un enemigo de Israel. También le acusaron de tener demonio. Con eso indudablemente querían decir que estaba loco. Para ellos, sólo alguien fuera de sí podría nunca hacer las pretensiones que Jesús había estado haciendo.



Observemos la manera templada con que respondió Jesús a Sus enemigos. Sus enseñanzas no eran las palabras de alguien que tuviese demonio, sino de Uno que quería honrar a Dios el Padre. Por esa causa ellos le deshonraban; no porque Él estuviese loco, sino porque estaba totalmente dedicado a los intereses de Su Padre en el cielo.

Ellos debieran haber sabido que en ningún momento estaba Él buscando Su propia gloria. Todo lo que hacía estaba calculado para dar gloria a Su Padre. Aunque le acusasen de deshonrar a Dios, esto no significaba que Él estuviese buscando Su gloria. Entonces el Señor añadió las palabras: Hay quien la busca, y juzga. Este quien se refería, naturalmente, a Dios. Dios Padre buscaría la gloria de Su amado Hijo, y juzgaría a todos los que no le hubiesen dado esta gloria.

Otra vez tenemos uno de aquellos majestuosos dichos de nuestro Señor, palabras que sólo hubiesen podido ser pronunciadas por Uno que fuese el mismo Dios. Estas palabras son introducidas con la expresión familiar y enfática: De cierto, de cierto os digo. Jesús prometió que el que guarda Su palabra, nunca jamás verá la muerte. Esto no puede referirse a la muerte física, porque muchos creyentes en el Señor Jesús mueren cada día. La referencia es a la muerte espiritual. El Señor estaba diciendo que los que creen en Él son liberados de la muerte eterna y que nunca sufrirán los dolores del infierno.



Los judíos se quedaron ahora más convencidos que nunca de que Jesús estaba
«loco». Le recordaron que Abraham y los profetas habían muerto. Pero Él decía que el que guarda Su palabra, nunca jamás gustará la muerte. ¿Cómo pueden conciliarse ambas cosas?

Se daban cuenta de que el Señor estaba realmente afirmando ser mayor que su padre Abraham y que los profetas. Abraham nunca había liberado a nadie de la muerte, y él mismo no había podido librarse de ella. Pero aquí había Uno que afirmaba poder liberar a Sus semejantes de la muerte. Él debía considerarse mayor que los padres.

Los judíos pensaban que Jesús estaba tratando de atraer la atención sobre Sí
mismo. Jesús les recordó que no era así. Era el Padre que le estaba honrando, el mismo Dios a quien ellos profesaban amar y servir. Los judíos dijeron que Dios era el Padre de ellos, pero en realidad no le conocían. Aquí, en cambio, estaban hablando con Uno que sí conocía a Dios Padre, a Uno que era igual a Él. Querían que Jesús negase Su igualdad con el Padre, pero dijo que si lo hiciese, sería mentiroso. Conocía a Dios Padre y obedecía Su palabra.



Por cuanto los judíos insistían en introducir a Abraham en la discusión, el Señor les recordó que Abraham había esperado el día del Mesías, y que verdaderamente lo vio por fe, y se regocijó. El Señor Jesús estaba diciendo que Él era Aquel a quien esperaba Abraham. La fe de Abraham reposaba en la venida de Cristo. ¿Cuándo vio Abraham el día de Cristo? Quizá cuando tomó a Isaac al Monte Moria para ofrecerlo como holocausto a Dios (Teoria personal). Todo el drama de la muerte y resurrección del Mesías fue entonces dramatizado, y es posible que Abraham lo viese por fe. De este modo el Señor Jesús afirmó ser el cumplimiento de todas las profecías en el AT tocantes al Mesías.

Por ello es que se pued ever otra vez a los judíos manifestar su incapacidad para comprender la verdad divina. Jesús había dicho: «Abraham se regocijó de que había de ver mi día», pero ellos respondieron como si Él hubiese dicho que Él había visto a Abraham. Hay aquí una gran diferencia. El Señor Jesús afirmaba de sí mismo una posición mayor que la de Abraham. Él era el objeto de los pensamientos y esperanzas de Abraham. Abraham había esperado por la fe el día de Cristo. Los judíos no podían comprender esto. Ellos razonaron que Jesús aún no tenía cincuenta años. (En realidad, tenía para este tiempo alrededor de treinta y tres años.) ¿Cómo podría Él haber visto a Abraham?

El Señor Jesús hizo aquí otra clara declaración de que Él era Dios. No dijo: Antes que Abraham fuese, yo era. Esto podría sencillamente significar que Él vino a la existencia antes que Abraham. No, sino que empleó el Nombre de Dios: YO SOY. El Señor Jesús había habitado con Dios Padre desde toda la eternidad. Nunca hubo un tiempo en que llegase a existir, ni en que no existiese. Por ello, dijo: Antes que Abraham fuese, YO SOY. En el acto, los judíos intentaron dar muerte a Jesús, pero Él se escondió y salió del templo. Los judíos comprendieron exactamente lo que Jesús quiso decir con: «Antes que Abraham fuese, YO SOY». ¡Estaba afirmando ser Jehová! Fue por esta razón que intentaron apedrearle, porque para ellos esto era una blasfemia. 



No estaban dispuestos a aceptar el hecho de que el Mesías estuviese en medio de ellos. ¡No iban a dejar que reinase sobre ellos! ¿Cuales eran sus razones? claramente se nota, que qera a causa de su entendimiennto corrupto, y la malformacion de la palabra de Dios causada por por una pesima aplicacion e interpretacion de la misma, de forma conceptual y no conforme Dios hablaba.

¿Como podemos oir la voz de Dios claramente sin interrupciones y sin duda alguna?

Siguiendo estos principios:

1) La Escritura es la fuente 
  • Es el medio mas seguro por el cual Dios habla: hay muchos que piden a Dios que les hable pero no pasan tiempo en loq ue El ya hablo. Eso tiene por nombre necedad. Ya DIos hablo lo necesario para que cada uno de nosotros pasemos timepo en ello.
  • Todo creyente es responsable de lee y estudiar la misma: EL problema conciste en que muchos no pasan timepo adecuado dedicandse a la lectura de las Escrituras y reflexionando sobre la misma en su propio contexto {La biblia de interpreta a si misma}.
  • NO colocar el concepto personal [creencias sin evidencias] por encima de las Palabras de Dios: Muchos tienen la tendencia absurda de colocar su porpia razon, experiencias y creencias por encima de lo que Dios hablo, debe ser al contrario. 
2) Entiendiendo que su proposito es mostrar al Hijo

  • Las Escrituras desde comienzo a fin muestran al Hijo:
a) Su posicion: El es Dios, creador, perfecto, sin pecado, es Soberanamente eterno y esta sobre todos.
b) Su supremacia: Cristo es el objeto supremo de la Biblia, y por ende el creyente debe tenerlo como el objetivo de todo en su vida.
c) Cristo es la base: Todo el consejo y pensamieno de DIos se encierran en el Hijo.
d) Digno de confianza: El Hijo es la Esperanza eterna, el unico por el cual se puede ver y entender a Dios. 

Con esto podemos comprender que cundo una persona verdaderamente es de Dios, le escucha, mediante su medio mas seguro de comunicacion, Las Escrituras. Sin tener que colocar sobre ellas los recursos humanos perosnales, permitiendo asi que sea la misma la fuente que expresa a Cristo, la sabiduria de Dios. 

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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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