10 oct. 2015

El recurso del hombre de Dios en vista a la apostasía venidera



El recurso del hombre de Dios en vista a la apostasía venidera
Por:  Dr.  Félix Muñoz



Leer 2 Timoteo 3:117

El apóstol ofrece ahora a Timoteo una descripción de las condiciones que existirán en el mundo antes de la venida del Señor. Se ha observado a menudo que la lista de pecados que sigue es muy similar a la descripción de los impíos paganos en Romanos 1. Lo destacable es que las mismas condiciones que existen entre los paganos en su estado salvaje e incivilizado son las que caracterizarán a los profesos creyentes en los últimos días. ¡Qué
solemne pensar en esto! Los últimos días referidos aquí son los días entre el período apostólico y la manifestación de Cristo para establecer Su reino.

Uno no puede estudiar estos versículos sin sentirse impactado por la repetición de la palabra amadores. Así, en el versículo 2 encontramos amadores de sí mismos y amadores del dinero (V.M.; RVR77, «avaros»). En el versículo 3, la expresión «aborrecedores de lo bueno» significa literalmente «no-amantes-del bien». En el versículo 4 leemos de los que son «amadores de los deleites más bien que de Dios». En los versículos 2–5 se dan diecinueve características de la humanidad durante los últimos días. Daremos simplemente una lista de ellos y daremos sinónimos que explican su significado:
  • Amadores de sí mismos —egocéntricos, vanidosos, ególatras.
  • Amadores del dinero —codiciosos de dinero, avaros.
  • Vanagloriosos —jactanciosos, llenos de palabras hinchadas acerca de sí mismos.
  • Soberbios —arrogantes, altaneros, imperiosos.
  • Blasfemos —maldicientes, profanos, ultrajantes, vejatorios, despreciativos, insultantes.
  • Desobedientes a los padres —rebeldes, negligentes en sus deberes, descontrolados.
  • Ingratos —desagradecidos, carentes de aprecio.
  • Impíos —profanos, irreverentes, sacrílegos, sin tener nada sagrado.
  • Sin afecto natural —de corazón duro, insensibles, encallecidos.
  • Implacables —despiadados, que rehúsan hacer la paz, que rechazan los esfuerzos hacia una reconciliación.
  • Calumniadores —difamadores, que extienden testimonios falsos y maliciosos.
  • Intemperantes —personas de pasiones sin control, disolutos, licenciosos.
  • Crueles —brutales, sanguinarios, carentes de principios.
  • Aborrecedores de lo bueno —totalmente opuestos a la bondad en cualquiera de sus formas.
  • Traidores —pérfidos, felones.
  • Impetuosos —irreflexivos, voluntaristas, precipitados.
  • Infatuados —con vanas pretensiones, engreídos.
  • Amadores de los deleites más bien que de Dios —los que aman los placeres sensuales, pero no a Dios.

Externamente, estas personas parecen religiosas. Profesan ser cristianos, pero sus acciones hablan más fuerte que sus palabras. Por su conducta impía, muestran que están viviendo una mentira. En sus vidas no hay evidencia del poder de Dios. Aunque puede que se haya dado una reforma, nunca hubo regeneración. «Mantendrán una pretensión de piedad, pero excluirán su poder». «Aunque mantienen una forma de religión, no tendrán nada que ver con ella como fuerza vital». «Mantendrán una fachada de ―religión, pero su conducta negará su validez». Quieren a la vez ser religiosos y mantener sus pecados (cf. Ap. 3:14–22). «Es el terrible retrato de una Cristiandad apóstata, un nuevo paganismo enmascarado bajo el nombre de cristianismo». De todos éstos Timoteo tiene que apartarse. Son los vasos descritos en el anterior capítulo, y de los que ha de limpiarse.

Entre los hombres corrompidos de los últimos días, Pablo señala ahora a un grupo en particular, es decir, líderes y maestros de sectas falsas. Esta detallada descripción de su carácter y métodos encuentra su cumplimiento en las sectas de nuestros días. Primero de todo, leemos que se meten insidiosamente en las casas. No es por accidentebque el término original recuerda el movimiento de una serpiente. Si revelasen su verdadera identidad, no conseguirían entrar en muchos de estos hogares, pero usan varias y sutiles
estratagemas, como hablar acerca de Dios, la Biblia y Jesús (aunque no crean lo que la Escritura enseña acerca de esas cosas).

Luego dice que llevan cautivas a mujercillas crédulas. Esto es característico. Planean sus visitas cuando el marido ha de estar en su trabajo o en algún otro lugar. La historia se repite. Satanás se acercó a Eva en el Huerto del Edén y la engañó. Ella usurpó la autoridad sobre su marido, tomando una decisión que debiera haberle sido dejada a él. Los métodos de Satanás no han cambiado. Sigue acercándose a las mujeres con sus falsas enseñanzas, y las lleva cautivas. Estas mujeres son crédulas en el sentido de que son débiles e inestables. No se trata de que carezcan de cerebro, sino de que no tienen fortaleza de carácter. Son descritas como cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Esto sugiere, primero, que están agobiadas por una sensación de pecado y que sienten una necesidad en sus vidas. Es en este momento crucial que llegan los falsos sectarios. ¡Qué triste que los que conocen la verdad de Dios no tengan más celo por alcanzar a estas almas ansiosas! Segundo, leemos que son arrastradas por diversas concupiscencias. «llevadas por un capricho siempre cambiante». «extraviadas criaturas del impulso». El pensamiento parece ser que, conscientes de su carga de pecado, y buscando ser aliviadas de ella, están dispuestas a exponerse a todos los cambiantes vientos de doctrina y a cada novedad religiosa.

La expresión siempre están aprendiendo no significa que estén continuamente sabiendo más acerca del Señor Jesús y la palabra de Dios. Más bien significa que están constantemente pasando de secta en secta, pero nunca pueden llegar al conocimiento pleno de la verdad. El Señor Jesús mismo es la Verdad. Estas mujeres parecen a veces acercarse mucho a Él, pero son tomadas cautivas por el enemigo de sus almas y nunca llegan al reposo que se halla sólo en el Salvador. Se debería observar en este punto que los miembros de las varias sectas dicen, invariablemente: «Estoy aprendiendo, o estudiando…», y citan el sistema por su nombre. Nunca pueden hablar de manera final en cuanto a una redención consumada por la fe en Jesucristo.



Esto nos hace pensar también en el inmenso aumento de conocimiento en todos los ámbitos de actividad humana en nuestro tiempo, en el inmenso énfasis en la educación tan dominante en la vida moderna, y sin embargo en el estrepitoso fracaso de todo eso por llevar a los hombres al conocimiento de la verdad.

Se mencionan tres pares de hombres en esta Epístola:
  • Figelo y Hermógenes (1:15) —avergonzados de la verdad.
  • Himeneo y Fileto (2:17, 18) —errados tocante a la verdad.
  • Janés y Jambres (3:8) —resistieron a la verdad.

En este octavo versículo, Pablo vuelve a los líderes y maestros de falsos cultos. Los compara con Janés y Jambres, que resistieron a Moisés. ¿Quiénes eran estos hombres? En realidad sus nombres no se encuentran en el AT, pero se entiende generalmente que eran dos de los principales magos egipcios llamados por Faraón para imitar los milagros llevados a cabo por Moisés. Surge la cuestión de cómo Pablo conocía sus nombres. Esto no debería presentar dificultad alguna, porque si no habían sido transmitidos por la tradición judía, no es nada fuera de razón que sus nombres le fuesen dados por revelación divina.

Lo importante es que resistieron a Moisés imitando sus obras, mediante milagros falsos. Esto es precisamente lo que sucede con los falsos sectarios. Resisten a la obra de Dios imitándola. Tienen su propia Biblia, su propio camino de salvación —en resumen, tienen un sustituto para todo en el cristianismo—. Resisten a la verdad de Dios presentando una barata perversión, y recurriendo en ocasiones a artes mágicas. Esos son hombres corruptos de entendimiento. Arthur Way lo traduce así: «sus mentes están podridas hasta lo más íntimo». Sus mentes están distorsionadas, son bajas y
depravadas. Cuando son puestos a prueba respecto a la fe cristiana, se encuentra que son descalificados y espurios. La mayor prueba simple que se les puede aplicar es esta pregunta: «¿Es Jesucristo Dios?». Muchos de ellos tratan de ocultar sus falsas doctrinas admitiendo que Jesús es el Hijo de Dios, pero con ello quieren decir que Jesús es hijo de Dios en el mismo sentido que otros lo son. Pero cuando se les pregunta, «¿Es Jesucristo Dios?», entonces muestran sus verdaderos colores. No sólo niegan la deidad de Jesucristo, sino que generalmente se encolerizan cuando se les reta así. Así sucede con los adeptos de la Ciencia Cristiana, los espiritistas, cristadelfianos, Testigos de Jehová y «El Camino».

Pablo asegura a Timoteo que esos falsos maestros no irán más adelante. ¡La dificultad aquí es que en todas las épocas se les ve prosperando en todas las maneras, y que nada parece estorbar su avance en el mundo! El significado probable es que cada sistema de error queda finalmente refutado. Los sistemas falsos vienen y se van, uno tras el otro. Aunque parece que prosperan enormemente, llega sin embargo el tiempo en que su falsedad se hace evidente para todos. Pueden llevar a la gente hasta cierto punto, incluso hasta ofrecer una cierta medida de reforma. Pero fallan en que no tienen regeneración. No pueden ofrecer a nadie la libertad de la pena y del poder del pecado. No pueden dar vida.

Janés y Jambres pudieron imitar a Moisés hasta cierto punto con sus actos de magia. Sin embargo, cuando se trató de producir vida de la muerte, se vieron totalmente impotentes. Este es precisamente el punto en el que las falsas sectas encuentran su derrota.

En marcado contraste con estos falsos maestros aparece la vida y el ministerio de Pablo. Timoteo era bien consciente de los nueve destacados rasgos que caracterizaban la vida de este siervo del Señor. Había seguido de cerca a Pablo y podía dar testimonio de que aquí había un hombre fiel a Cristo y a Su palabra. La doctrina o enseñanza del apóstol era fiel a la palabra de Dios y leal a la Persona del Señor Jesucristo. Su conducta era consecuente con el mensaje que predicaba. Su propósito en la vida era estar separado del mal moral y doctrinal. La fe aquí puede significar la confianza de Pablo en el Señor, o su propia fidelidad a Él. Timoteo lo conocía como alguien totalmente dependiente del Señor, y al mismo tiempo, una persona honrada y digna de confianza. La longanimidad del apóstol se veía en su actitud para con sus perseguidores y detractores, y con respecto a sus aflicciones físicas. En cuanto al amor, estaba consagrado de forma altruista al Señor y a sus semejantes. Cuanto menos era amado por los otros, tanto más decidido se sentía a amar. Paciencia significa literalmente «soportar bajo», es decir, fortaleza, aguante.



Algunas de las persecuciones y padecimientos, o sufrimientos, de Pablo, se describen en 2 Corintios 11:23–28. Sin embargo, él está pensando de manera particular cerca de aquellos sufrimientos de los que Timoteo era personalmente conocedor. Por cuanto Timoteo era natural de Listra, sabría acerca de las persecuciones que Pablo había sufrido allí y en las ciudades colindantes de Antioquía e Iconio. El registro inspirado de estos padecimientos se da en el libro de Hechos: Antioquía, Hechos 13:45, 50; Iconio, Hechos 14:3–6; Listra, Hechos 14:19, 20. Pablo se alboroza por el hecho de que el Señor lo había librado de todas aquellas persecuciones. El Señor no le había librado de los problemas, pero lo había sacado a través de ellos. Esto es un recordatorio de que no se nos promete que quedaremos exentos de dificultades, pero se nos promete que el Señor estará con nosotros y nos sacará de ellas.

La persecución es una parte integral de una vida cristiana consagrada. Era bueno recordar esto al joven Timoteo. En caso contrario, cuando fuese llamado a ir a través de aguas profundas, podría sentirse tentado a pensar que había fallado al Señor o que el Señor estaba indispuesto con él por alguna razón. El hecho evidente es que la persecución es inevitable para todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús. La razón de esta persecución es sencilla. Una vida piadosa denuncia la maldad de los demás. A la gente no les gusta verse denunciados de este modo. En lugar de arrepentirse de su impiedad y de volver a Cristo, intentan destruir a aquella persona que les ha mostrado cómo realmente son. Naturalmente, se trata de una conducta totalmente irracional, pero es característica del hombre caído.

Pablo no se hacía ilusiones en el sentido de que el mundo fuese a hacerse mejor y mejor, hasta que finalmente todos los hombres se convirtiesen. Más bien, sabía por revelación divina que la realidad sería precisamente lo contrario. Los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados. Se irían volviendo más y más sutiles en sus métodos y más osados en sus ataques. No sólo engañarían ellos a otros, sino que ellos mismos se verían atrapados por la misma falsa enseñanza con la que querían atrapar a sus oyentes. Después de vender sus mentiras durante tanto tiempo, llegarían a creerlas personalmente.

El recurso del hombre de Dios en vista de la apostasía 

Una y otra vez, se le recuerda a Timoteo que persista firmemente en las enseñanzas de la palabra de Dios. Este sería su gran recurso en un día en el que las falsas doctrinas abundarían por todas partes. Si conocía y obedecía las Escrituras, no sería extraviado por esos sutiles errores. Timoteo no sólo había aprendido las grandes verdades de la fe, sino que se había persuadido personalmente de ellas. Indudablemente se le diría que estas enseñanzas eran una antigualla y no suficientemente culturales e intelectuales. Pero no debía abandonar la verdad por teorías o especulaciones humanas.

El apóstol le aconseja además que recuerde de quién había aprendido estas verdades. Hay alguna diferencia de opinión acerca de si la referencia con las palabras de quién es al mismo Pablo, a la madre y abuela de Timoteo, o a los apóstoles en general. En todo caso, el pensamiento es que las Sagradas Escrituras le habían sido enseñadas por aquellos cuyas vidas daban testimonio de la realidad de su fe. Eran personas piadosas que vivían con simplicidad para la gloria de Dios.

El versículo 15 sumamente sugerente. El pensamiento es que desde su infancia Timoteo había conocido las Sagradas Escrituras, o letras. Aquí se expresa incluso el pensamiento de que cuando su madre le enseñó el abecedario, lo hizo empleando porciones de las Escrituras del AT. Desde la niñez había estado bajo la influencia de los escritos inspirados, y bajo ninguna circunstancia debería olvidar aquel bendito Libro que había moldeado su vida para Dios y para bien.

Las Sagradas Escrituras son aquí descritas como continuamente capaces para hacer sabio a todo hombre para salvación. Esto significa, ante todo, que los hombres aprenden el camino de la salvación por medio de la Biblia. Podría también conllevar el pensamiento de que la seguridad de la salvación viene por la palabra de Dios. La salvación es por medio de la fe que es en Cristo Jesús. Se Debería observar esto con cuidado. No es por medio de buenas obras, ni de bautismo, ni de membresía en ninguna iglesia, ni de confirmación, ni por obediencia a los Diez Mandamientos, ni por guardar la Regla de Oro, ni por ninguna otra vía que involucre esfuerzo o mérito humano. La salvación es por medio de la fe en el Hijo de Dios.

Cuando Pablo habla de toda Escritura, está refiriéndose de manera concreta al
AT completo, y también a aquellas porciones del NT que entonces existían. En 1 Timoteo 5:18 cita el Evangelio de Lucas (10:7) como Escritura. Y Pedro habla de las Epístolas de Pablo como Escrituras (2 P. 3:16). En el día de hoy estamos justificados en aplicar este versículo a toda la Biblia. Este es uno de los versículos más importantes en la Biblia acerca del tema de la inspiración. Nos enseña que las Escrituras son inspiradas por Dios. De forma milagrosa, Él comunicó Su palabra a los hombres y los condujo a escribirla para ser preservada de manera permanente. Lo que ellos escribieron era la mismísima palabra de Dios, inspirada y sin error. Aunque es cierto que no se destruyó el estilo literario individual del escritor, es también cierto que las mismas palabras empleadas fueron palabras que le fueron dadas por el Espíritu Santo. Así, leemos en 1 Corintios 2:13: «Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual». Si este versículo comunica algo en absoluto, lo que dice es que los escritores inspirados emplearon PALABRAS que les enseñó el Espíritu Santo. Esto es lo que se quiere decir con el término inspiración verbal. Los escritores de la Biblia no dieron su propia interpretación privada de las cosas, sino que escribieron el mensaje que les fue dado por Dios. «Conociendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura procede de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 P. 1:20, 21).

Es falso decir que Dios dio simplemente los pensamientos a los escritores individuales y que les dejó expresar estos pensamientos en sus propias palabras. La verdad en la que se insiste en las Escrituras es que las mismas palabras originalmente dadas por Dios a los hombres fueron inspiradas por Dios. Debido a que la Biblia es la palabra de Dios, es útil. Cada una de sus porciones es útil.

Aunque el lector pueda preguntarse acerca de algunas de las genealogías o pasajes oscuros, sin embargo la mente enseñada por el Espíritu se dará cuenta de que hay alimento espiritual en cada palabra que procede de la Palabra de Dios. La Biblia es útil para enseñanza o doctrina. Expone la mente de Dios tocante a temas como la Trinidad, los ángeles, el hombre, el pecado, la salvación, la santificación, la iglesia y los acontecimientos futuros. También es útil para reprensión. Al leer la Biblia, ésta nos habla de manera directa acerca de aquellas cosas en nuestras vidas que desagradan a Dios. También es provechosa para refutar los errores y para responder al tentador. También la Palabra es provechosa para corrección. No sólo señala lo que es erróneo, sino que expone la forma en que se puede enderezar. Por ejemplo, las Escrituras no sólo dicen: «El que hurtaba, ya no hurte más», sino que añade, «sino que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga con qué compartir con el que padece necesidad». La primera parte del versículo se podría considerar como reprensión, mientras que la segunda parte es corrección.

Finalmente, la Biblia es útil para instrucción en justicia. La gracia de Dios nos enseña a vivir vidas piadosas, pero la Palabra de Dios da de manera detallada las cosas que constituyen una vida piadosa. Por medio de la Palabra, el hombre de Dios puede ser enteramente apto o maduro. Está bien preparado con todo lo que necesita para producir toda buena obra, lo cual es el objetivo de la salvación (Ef. 2:8–10). Esto está en acusado contraste con las modernas ideas de prepararse por medio de grados académicos.

La Escritura es así absolutamente incomparable; ningún otro libro, biblioteca o nada más en el mundo puede hacer sabio para salvación a un pecador perdido. Ninguna otra escritura, por cuanto carece de la inspiración de Dios, y aunque sea provechosa para otras cosas, tiene provecho para estos fines: la enseñanza de los verdaderos hechos de la salvación; la refutación de las mentiras y de los engaños que niegan estos hechos; la restauración del pecador o del cristiano recaído a una posición recta; educando, instruyendo y disciplinando a uno en una rectitud verdadera.

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