18 jul. 2014

La piedad y la verdadera riqueza


La piedad y la verdadera riqueza
Por: Dr. Félix Muñoz


Si alguien enseña algo diferente y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad se ha llenado de orgullo y no sabe nada. Más bien, delira acerca de controversias y contiendas de palabras, de las cuales vienen envidia, discordia, calumnias, sospechas perversas, y necias rencillas entre hombres de mente corrompida y privados de la verdad que tienen la piedad como fuente de ganancia. Sin embargo, grande ganancia es la piedad con contentamiento. Porque nada trajimos a este mundo, y es evidente que nada podremos sacar. Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto. Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición. Porque el amor al dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores - 1 Tim 6:3-10 (BMH).

La inclinación de los últimos tiempos se caracteriza por un afanoso y descabellado amor por los bienes materiales y el dinero. La frase últimos tiempos, al igual que la frase “postreros tiempos o días” que se menciona en el contexto literario, generalmente se entiende que se refiere a la era cristiana; es decir, el tiempo entre la primera y la segunda venida de Cristo (Hech. 2:17; 1 Cor. 10:11; Heb. 1:2).

Por lo tanto, al nosotros vivir también en la era cristiana, no debe asombrarnos o desilusionarnos que el fenómeno de la apostasía, característico de estos tiempos, suceda en las iglesias actuales. Es natural que estos problemas surjan en una iglesia cristiana verdadera, ya que es el principal campo de batalla en el que el enemigo hace combatir la verdad con la mentira (2 Cor. 11:13-15). Se puede decir que es una realidad inevitable y que se debe estar prevenido para enfrentarla. Siempre habrá personas que respondan al evangelio, pero que su respuesta será temporal pues su fe no será genuina. Incluso podrá haber miembros que puedan pertenecer exteriormente a la iglesia, pero no pertenecen interior o espiritualmente a ella (3 Jn 2:19).

Esta es la situación que se estaba viviendo en Éfeso y que Pablo describe con la palabra griega "afistemi" (1 Tim. 4:1), que significa "apartarse definitivamente de la recta enseñanza cristiana". Este término es mucho más fuerte que el usado en (1 Tim 1:6), que se traduce como "desviarse tras el error". En este caso denota un abandono total de la fe, cuyo significado aquí es el conjunto de las creencias y verdades cristianas. Es decir que las personas que apostatan son aquellas que, al parecer, habían aceptado en un principio el evangelio pero después le dan la espalda y rechazan las enseñanzas de la Palabra de Dios ya sea por dinero, conveniencia, comodidad o favoritismo [muchos factores de influencia pueden ser], indicando así que su aceptación inicial fue aparente o no fue auténtica.

Enseguida, el Apóstol señala que el origen primario del error y las falsas doctrinas es totalmente satánico. No se trata de simples invenciones o equívocos humanos sino que detrás de los falsos maestros se encuentra la labor de espíritus malignos los cuales en conjunto de la naturaleza caída (Gal 5:20-Herejias) y su enseñanza está influenciada e inspirada por doctrinas demoníacas (1 Tim 4:1-2). Así, los creyentes de estos tiempos somos advertidos del peligro que representan las fuerzas diabólicas aun en el interior de la iglesia, ya que se nos advierte que Satanás puede disfrazarse como ángel de luz (2 Cor. 2:11; 11:14) y es de esperar que surjan personas que sinceramente crean que están profesando y hasta enseñando la verdad pero que en realidad han sido engañadas y están cegadas por la mentira.

Observando el contexto, el Apóstol señala que la base para una conducta apropiada de los creyentes es la propia naturaleza de la iglesia, lo que procede a explicar mediante tres figuras sumamente descriptivas.

En primer lugar, afirma que la iglesia es la casa (oikos) de Dios. Dicha palabra puede referirse al edificio pero, principalmente, también a la familia que lo ocupa. La iglesia cumple con los dos sentidos. En 1 Corintios 3:16 y 1 Pedro 2:5 se la compara con un edificio. En Hebreos 3:5, 6 y 1 Pedro 4:17 se refiere a ella como la familia de Dios. Es evidente que el énfasis aquí es que la iglesia es una familia en la que Dios es el Padre y los creyentes son hermanos entre sí. Esto resalta el amor y compañerismo que debe existir entre los miembros de la comunidad cristiana, así como la igualdad entre ellos, sin distinción alguna.

En segundo lugar, se expresa que es la iglesia del Dios vivo. La palabra usada es (ekklesia), que indica una comunidad de personas llamadas por Dios y que han respondido a su llamado. Es la asamblea de creyentes que cuentan con la presencia continua del Dios vivo. Esta experiencia debe ser muy real al grado que, tanto en la adoración que le brindan al Señor como en la proclamación de su Palabra, la presencia divina sea tan patente que aun los no cristianos puedan decir: “¡De veras, Dios está entre ustedes!” (1 Cor. 14:25).

En tercer lugar, se describe a la iglesia como columna y fundamento de la verdad. Las palabras columna o pilar (stulos) y fundamento (edraioma) también hacen referencia a la figura de un edificio. En este caso la idea de fundamento es la del soporte o cimiento que provee la estabilidad y permanencia a una construcción. Esta idea ilustra que la iglesia ha de mantener intacta la verdad, especialmente ante la proliferación de la incredulidad y ante los mismos ataques internos de la herejía. Aquí, la aplicación a la iglesia es que entre sus deberes está el de mantener en alto la verdad a fin de que toda persona pueda verla. Esta descripción enseña que la iglesia debe proclamar la verdad y cuidar que no sea empañada por ninguna falsa doctrina. Así, la iglesia basa su existencia en la verdad del mensaje de salvación y, a su vez, esta verdad depende de la iglesia en cuanto a su proclamación y defensa.

Algunos cristianos creen que las riquezas son incompatibles con la vida cristiana, y promueven la pobreza como una virtud. Sin embargo, la Biblia no enseña que los bienes materiales sean malos en sí mismos sino el amor a ellos. Lo malo es que, por causa de sus posesiones, los ricos se vuelvan arrogantes, menospreciando a los demás. Más bien, deben emplear su riqueza apropiadamente, compartiéndola generosamente. Además, las posesiones son inseguras e insatisfactorias en sí mismas, se pueden perder tan rápidamente como se han ganado. Por tanto, es necio depender de ellas y no del Dios que las provee. Se instruye a los ricos a no ser egoístas sino agradecidos con Dios y a usar sus bienes para bendición de otros que no tienen las mismas oportunidades.

La inclinación del creyente ante tales enseñanzas erradas las cuales promueven el materialismo como fuente de piedad debe ser un rechazo total a la misma y a sus exponentes. Algunos manuscritos antiguos agregan al final del versículo: “Apártate de los tales”. Esta adición aparece en pocos manuscritos y de menor importancia. Sin embargo, puede considerarse como un consejo claramente consecuente con el contexto. La inclusión o exclusión de esta frase no representa modificación alguna en el mensaje de esta sección. En sí, tales expositores “envanecidos, que no saben nada, deliran sobre cuestiones y contiendas por palabrerías, con entendimiento corrupto e ignorantes a la verdad” tomaban la piedad como fuente de ganancia de manera deshonesta, es decir que tales maestros heréticos cobraban honorarios por exponer sus mentiras (vv.4-5). Aquí vemos varias razones de porque apartarnos de ellos, primero; sus enseñanzas no conformadas a las sanas palabras de Jesucristo y a la doctrina de la piedad (v.3), segundo; por su vano entendimiento altanero y corrupto, y su carácter abusivo (v.4), tercero; apartados de la verdad y sustraen honorarios por su vana palabrería.

El creyente no tiene por qué seguir tales doctrinas materialistas, según el (v.6) La palabra griega traducida como contentamiento no significa, de ninguna manera, conformismo; ni se puede considerar como un llamado a no tener interés en progresar, o mejorar en la vida. La palabra usada (autarkeia) significa “lo necesario”, es decir, vivir en una condición ideal en la cual no se necesita ayuda exterior, sean cosas o personas, y se cuenta con lo suficiente para vivir contento y feliz. Cualquier cosa que vaya más allá de lo que la persona necesita, ya entra en el límite de la avaricia y el amor al dinero, que es condenado por el Señor a lo largo de las Escrituras. Debemos tener cuidado con las doctrinas, las cuales prestan su atención a los bienes materiales como la esencia de la verdad divina (Lc 12:15, v.21; 14:33).



















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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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