8 jul. 2014

¿QUÉ ES EL LEGALISMO?


¿QUÉ ES EL LEGALISMO?

Por: Edgar Hernández


El legalista es un observador de la ley más que de Jesús.

En repetidas ocasiones he advertido a las personas a no caer en el “legalismo”, o en otras palabras a no ser “legalistas”. Sin embargo, ¿Qué entiende usted cuando escucha la palabra “legalismo” o “legalista”? muchas personas creen que un legalista es una persona que impone o añade condiciones para ser salvo aparte de la fe y estoy de acuerdo con esto, pero ¿cómo identificar el legalismo en la vida cristiana cotidiana?, muchos otros usan el término “legalista” para referirse a las personas de la iglesia que son muy tajantes o inflexibles, pero ¿qué es “legalismo”?





Como la palabra sugiere, está relacionada con la ley. Sin embargo, existen personas que estando bajo la ley hacen cosas como estudiar la biblia, testificar, ofrendar etc. Cosas que sin duda Dios desea que hagamos. También sabemos que Él no quiere que robemos, mintamos, o agredamos a nadie. Entonces, ¿Qué hace que algo sea o no legalista? Esta es una pregunta excelente, pues a menudo usamos términos como “legalismo” sin definirlos.



Para saber si algo es o no legalista, tendríamos que definir antes que nada el porqué de la acción, es decir, ¿por qué haces o dejas de hacer algo? Tomemos como ejemplo el evangelizar. ¿Por qué evangelizas? Imagina a alguien que no desea evangelizar pero lo hace porque piensa que debe hacerlo o porque quiere que Dios lo bendiga. Ahora imagine a otra persona que está hablando de Cristo también. Pero este segundo hombre sabe que es aceptado por Dios por medio de Jesucristo, y está evangelizando con un interés y amor genuino por las almas. Entonces, aquí tenemos a dos personas haciendo la misma actividad: evangelizando. Pero el primero está viviendo bajo la ley; el segundo bajo la gracia. Como podemos ver, el motivo hace la diferencia.




En lo personal tengo que admitir que en muchas ocasiones he compartido de Cristo en el poder de la carne. No le puedo decir cuántas veces le hablé de Cristo a alguien pero con la intención de que alguien me viera y se diera cuenta de cuán espiritual era. Aunque Dios usó su palabra en muchas de esas situaciones para dirigir personas a Cristo, mi actitud no era la que El deseaba. ¿Se da cuenta? El factor que hace que algo sea o no legalista es la fuente de la vida. La ley pertenece a la esfera del auto esfuerzo, en cambio, la vida bajo la gracia se caracteriza por la experiencia de que Cristo resucitado vive en y a través de uno.



Hay una ilustración que leí hace un tiempo y creo ejemplifica claramente la diferencia entre el legalismo y el cristianismo real: Imagine que se encuentra en una casa enorme, en la cual viven individuos que oyen bien y otros que son sordos. Todos están juntos, y usted no puede distinguirlos a simple vista. En un salón hay un hombre sentado. Al verle, usted se da cuenta de que lleva cierto ritmo con los pies y los dedos de la mano. Usted sabe lo que está sucediendo, él está escuchando música y obviamente la disfruta. Todo su cuerpo está reaccionando a lo que sus oídos están percibiendo.



Repentinamente, uno de los sordos abre la puerta y entra al salón. Al ver al hombre, le saluda y piensa: “Este está disfrutando la vida, yo trataré de hacerlo también”, de modo que el sordo se sienta junto al otro y comienza a imitarle. Con un poco de práctica, el sordo tiene casi el mismo ritmo, sonríe y piensa: “No es tan divertido, pero está bien”.

Enseguida, un tercer hombre entra en el salón y ve a dos hombres aparentemente haciendo la misma cosa. Pero ¿existe alguna diferencia? ¡Claro que sí! Las acciones del primero son una respuesta natural a la música que escucha, en cambio, el sordo solamente está imitando esas acciones exteriores aunque no puede oír ni una sola nota. Esa es la diferencia entre el legalismo y el cristianismo real. Cuando entendemos la vida cristiana de la manera que Dios quiere, nuestras actitudes y acciones son una respuesta a la “música” de amor que escuchamos. Esa música es la relación de confianza con el Dios que vive en nosotros y a quien estamos aprendiendo a amar más y más cada día.

Sin embargo a los legalistas no les importa si usted es sordo a la gracia y el amor de Dios, lo que a ellos les interesa es que usted chasque los dedos y mueva los pies al mismo ritmo de los demás. El legalista siempre dirá que un énfasis sobre la gracia, conducirá a que se peque más. Pero no es eso lo que la Biblia dice, observe el siguiente pasaje:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” Tito 2:11-13.




La gracia y el amor de Dios son la verdadera motivación para la vida cristiana de acuerdo a la Biblia y no a la que yo pienso, esa es la música real, la cual debe ser la fuente de nuestras vidas. Otra confusión que existe en cuanto a este tema es que si alguno exhorta el pecado que alguna persona comete, entonces es tachado de “legalista” pero este es otro error, como lo he explicado antes, el vivir bajo la gracia es una respuesta a la “música” de amor que escuchamos, y es porque ese amor de Dios fluye por medio de nosotros que no queremos ver a nadie practicando pecado pues el pecado trae consecuencias mortales, como dice la escritura:



“Porque la paga del pecado es muerte…” Romanos 6:23



Déjeme ejemplificarle esto: suponga que usted tiene guardado solvente en una botella de jugo, y se percata que su hijo, pensando que el contenido de la botella es jugo, está a punto de tomarle, ¿Qué hace usted? ¿Acaso no le advierte y hasta le arrebata la botella? ¿Por qué? Porque no quiere que sufra algún daño, pues lo ama. Este es el motivo por el cual alguien que camina en gracia exhorta, por otro lado, el legalista regañará y juzgará a aquel que es sorprendido en algún pecado, pues su motivación será el deber o la responsabilidad de “apaciguar a Dios” y no el amor. El exhortar a alguien no tiene nada que ver con el legalismo, más bien tiene que ver con el amor.


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