5 ago. 2014

El hombre de iniquidad

El hombre de iniquidad
Por: Dr. Félix Muñoz
“Ahora, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no sean movidos fácilmente de su modo de pensar ni sean alarmados, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, como que ya hubiera llegado el día del Señor. Nadie los engañe de ninguna manera; porque esto no sucederá sin que venga primero la apostasía y se manifieste el hombre de iniquidad, el hijo de perdición. Este se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o que se adora, tanto que se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios – 2 Tes 2:1-4 (BMH)”.

En 2 Tesalonicenses se aborda el tema de la segunda venida de Cristo colocando elementos nuevos que, seguramente, tuvieron un gran significado para los cristianos de esa ciudad. Hay que recordar que los tesalonicenses se enfrentan a peligros externos, persecuciones y padecimientos múltiples, pero también sufren divisiones internas que Pablo relaciona con la influencia de Satanás.



El hombre de iniquidad es una figura que se opone al Hijo de Dios. Representa al hombre malo, cruel e insubordinado. Es un modelo que Pablo utiliza para advertir sobre la enorme batalla que enfrenta la iglesia tesalonicense. Es una lucha de fuerzas contrapuestas que se da antes de la “parousia”, quizá como prueba para la iglesia que debe perseverar en las más duras condiciones.

El hombre de iniquidad responde a Satanás, está muy relacionado con la apostasía que complica la misión de la iglesia. Puede interpretarse en relación con la figura de los emperadores, auto endiosado y enemigos de la fe cristiana. La influencia de su apostasía puede arrastrar a muchos cristianos familiarizados con la vida del imperio, sus cultos y su idiosincrasia. Por ello Pablo advierte sobre el hombre de iniquidad que persigue aniquilar la fe y engañar a quienes siguen al Hijo de Dios.



No obstante, el poder de Satanás a través del hombre de iniquidad no es superior al poder de Dios. Pablo asegura que, en la soberanía de Dios y en su providencia, existe una influencia que limita y erradica la posibilidad de que aquel termine por dominar y vencer a la iglesia. La providencia de Dios restringe la fuerza del mal aunque permita que esta sea totalmente manifestada poco antes del tiempo de la venida gloriosa del Señor. Pablo asegura que todo se encuentra en las manos de Dios, nada se escapa a su voluntad. Con ello anima a la iglesia de Tesalónica, que sufre y espera al Señor.

La esperanza en la venida de nuestro Señor Jesucristo radica también en la confianza de poder reunirse de nuevo con él para siempre. Para ello, hay que estar alerta. Pablo exhorta a la iglesia tesalonicense a mantenerse firme, rechazar otras doctrinas, y alejar cualquier temor e incluso falsificaciones de sus palabras. La “parousia” es un acontecimiento por suceder y sobre ella se vuelca toda expectativa cristiana.

Algunos mss. Antiguos tienen “hombre de pecado”. En todo caso se refiere a una figuración única en los escritos paulinos; la misma no aparece en ninguna otra epístola de Pablo. El hombre de iniquidad es una contrafigura de Jesucristo: mientras el Señor es hombre obediente e íntegro, el otro es desobediente y quebrado por el pecado.

El hombre de iniquidad es un farsante que intenta extraviar a los cristianos. Podría referirse al emperador romano, adorado como Dios en todo el imperio. Para comprender el sentido de esta figuración hay que remitir a los hechos de apostasía cometidos por algunos emperadores: Calígula, quien impuso su estatua como objeto de adoración en el templo de Jerusalén; el auto endiosamiento perpetuado por Nerón y Domiciano; esas acciones se oponen al Señor. Pablo usa estas referencias para comunicar el mismo carácter de aquel que se levantara como el “hombre de pecado”. Algunos mss. Antiguos dicen tanto que se sentará como Dios en el templo de Dios; ver Dan. 11:36.



La sección mayor de enseñanza de la carta es difícil de comprender por dos razones. Primera, es la réplica de Pablo a los problemas que se habían originado en la iglesia debido a mala interpretación de su enseñanza; y segunda, el lenguaje que utiliza es enigmático para personas que no conocen lo que él dijo oralmente a los lectores.

El problema estaba enfocado en la venida del Señor Jesús, que apareció tan centralmente en 1 Tesalonicenses Pablo había enseñado que estaba cerca, posiblemente en su propio tiempo, y que implicaría el juntar al pueblo de Dios de todo el mundo para permanecer con él desde ahí en adelante (cf. 1 Tes 4:17; Mr 13:27). Ahora algunas personas estaban diciendo que ya había llegado el día del Señor. Para ellos el “día” era como un período extendido el cual culminaría en la venida del Señor, y probablemente ellos consideraban su presente persecución (2 Tes 1:4, 5) como las últimas etapas de oposición al reino de Dios. Su enseñanza estaba inquietando a las personas, creando agitación tanto como inseguridad, y sin lugar a dudas distrayendo a los creyentes de su normal vivir. Para sostener su discurso dijeron que Pablo mismo lo había enseñado, aunque él no estaba seguro si ellos estaban citando un oráculo profético, una pieza de enseñanza oral o una carta. Las palabras como si fuera nuestra son a menudo tomadas para sugerir que estaba circulando una carta falsa de Pablo. Sin embargo, es improbable que alguien haya producido cartas en el nombre de Pablo en esta época. Es más probable que la frase se refiera a cualquier declaración de Pablo de la cual pueden haber extraído falsas inferencias.

La réplica de Pablo es dada para afirmar su enseñanza oral (v.5) que el día del Señor no puede venir antes que ciertos eventos hayan tenido lugar. Mucho de lo que dice es un eco de la enseñanza de Jesús en el discurso registrado en Marcos 13, y como Jesús previene con seriedad acerca de ser confundido por la falsa enseñanza (Mr 13:5). Podría ser que las personas estaban siendo guiadas al error en cuanto al tiempo de la aparición del Señor, o podrían confundir al Señor con un impostor (cf. Mr 13:6, 21, 22). Otras cosas deben suceder primero, especialmente la apostasía y la manifestación del hombre de iniquidad. Estos dos conceptos probablemente pertenecen en forma unida; lo que el hombre de iniquidad hace constituye la apostasía. 

Apostasía es un término que se usaba en la literatura judía para la oposición a Dios (1 Mac. 2:15 – escrito apócrifo), y un gran estallido de maldad en el mundo en contra de Dios fue un tema familiar. Una iglesia apóstata no es el pensamiento primario aquí. El hombre de iniquidad es una forma hebrea de expresión para “las personas sin ley” (v.8), y de nuevo, sugiere oposición a Dios. Probablemente está pensando en un hombre (posiblemente una “encarnación” de Satanás), y aquí puede ser el mismo “anticristo” (1 Jn 2:18). Al decir se manifieste, Pablo sugiere que su venida es una vil parodia de la venida o revelación del Señor. Ya en este punto asegura a sus lectores que este hombre está destinado para la destrucción antes de describir lo que él hará.

Básicamente se opondrá a toda religión y a Dios mismo, y se hará a sí mismo un objeto de adoración (cf. el lenguaje con Dan 11:36; no es necesariamente una profecía de la misma persona). Que se siente (o intente sentarse) en el templo de Dios es interpretado de diversas formas. Puede significar que se sentará en el templo judío (destruido en el año 70 d. de J.C.) o en un futuro templo reconstruido. También el templo puede ser una metáfora para la iglesia. Es más probable, sin embargo, que la figura tomada de Ezequiel 28:2, y que refleja la historia de Antíoco y Pompeyo cuando ambos entraron al templo judío, se debe tomar metafóricamente como los reclamos totalitarios del hombre rebelde.





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