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1 ago 2014

Falsos a escondidas



Falsos a escondidas
Por: Dr. Félix Muñoz

“y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros – Gal 2:4-5 (RVR)”.

La expansión del evangelio en las diferentes provincias del Imperio romano durante el primer siglo se debió, en parte, a las persecuciones que se desataron en contra de los seguidores de Jesús en Jerusalén, obligándolos a hacer misión fuera de sus fronteras. Este proceso de misión dentro del mundo gentil dio paso al nacimiento de un gran número de comunidades cristianas que expresaban una rica diversidad en cuanto a la manera de entender y vivir el evangelio. Esta diversidad no solo enriqueció el pensamiento teológico del cristianismo, sino también provocó profundas divisiones y controversias. Una de las principales controversias fue la que enfrentó Pablo con los denominados judaizantes.

Es probable que el rito de la circuncisión haya adquirido importancia para los judíos a partir del exilio, por la necesidad de valorar los signos de pertenencia al pueblo de Dios. Un texto clave es Génesis 17:9-14, que hace de la circuncisión el signo de la alianza que Dios establece con Abraham y sus descendientes para siempre.

Dado que este pasaje es de gran importancia para reconstruir la historia temprana de la iglesia cristiana, los estudiosos del NT le han prestado mucha atención. Se han desarrollado argumentos técnicos y detallados, destinados especialmente a determinar si la ocasión a la que Pablo se refiere es la visita que se relata en Hechos 11:29, 30, o el llamado “concilio apostólico” de Hechos 15. En medio de este debate es fácil perder de vista la cuestión principal: ¿Qué quiere decirnos el relato? Hay buenas razones para creer que Pablo está respondiendo a una acusación de los judaizantes, que podría haber sido presentada más o menos en esta forma: “En una etapa de su ministerio, a Pablo se le obligó a asistir a una reunión en Jerusalén, someterse en privado a los “tres” (Jacobo, Pedro y Juan) y acceder a obedecer sus instrucciones, como lo prueba su deseo de recolectar fondos para los cristianos de Judea.”

Si así fuera, Pablo podría estar tratando el tema, no porque sienta la obligación de relatar cada contacto que tuvo con los apóstoles de Jerusalén (ese aspecto de su argumento termina al final del cap. 1), sino porque sus oponentes lo habían planteado y lo habían utilizado en forma errónea. En otras palabras, Pablo debe aclarar las cosas. Lo primero que debemos notar es que Pablo pone énfasis en la causa y el propósito de su visita (v.2). La causa fue una revelación: no la obediencia a un mandato humano, sino la sujeción a una instrucción divina. El propósito era informar a los líderes sobre su ministerio y así asegurarse de que sus grandes esfuerzos apostólicos no fueran en vano. Esta es una expresión notable (cf. también Filipenses 2:16 y Tesalonicenses 3:5, posiblemente en alusión a Isaías 49:4), y nos dice algo sobre las tensiones que seguramente se sintieron en la conferencia. Al menos desde una perspectiva humana, Pablo parecía pensar que era muy posible que la iglesia en Jerusalén tomara una decisión equivocada y destruyera el ministerio a los gentiles.

La confianza del Apóstol en la voluntad de Dios nunca fue presuntuosa. El comprendía la realidad del pecado y del mal, así como el peso de su propia responsabilidad. Aunque estaba seguro de que Dios cumpliría sus promesas y perfeccionaría su obra (Romanos 8:28; Filipenses 1:6), ese hecho no se convirtió en excusa para ser pasivo y “dejar que Dios se ocupara” del problema. Pablo continuaría haciendo todos los esfuerzos posibles por correr la carrera (cf. Filipenses 3:12-14), dependiendo constantemente del obrar de Dios (Filipenses 2:12, 13).

En segundo lugar, observemos que el Apóstol es franco en cuanto a la lucha que caracterizó la reunión (vv.3-5). En la iglesia había un “partido de la circuncisión”, personas a las que el Apóstol consideraba falsos hermanos, cuya real motivación era socavar la libertad espiritual que ofrece el evangelio. Aparentemente, queriendo tomar a Tito, que era gentil, para hacer de él un modelo, habrán insistido en que se circuncidara. Pablo no nos dice explícitamente cuál fuera la reacción inicial de Pedro, Jacobo y Juan, pero hay buenas razones para pensar que estos líderes, quizá preocupados por la unidad de la iglesia, hayan considerado la idea de ceder ante los reclamos del grupo que pedía la circuncisión. No obstante, dado su especial llamamiento, Pablo comprendía en una forma muy profunda las implicaciones del tema en cuestión. Han de haber sido momentos de emociones violentas, como lo sugiere la sintaxis griega. desigual de estos versículos. De cualquier modo, el Apóstol se negó a ceder a los reclamos de los falsos hermanos, ni por un momento,... para que la verdad del evangelio permaneciese a vuestro favor (a favor de los gentiles). En resumen, los líderes no obligaron a Tito a circuncidarse.

En tercer lugar, Pablo dedica la mitad de su relato sobre el concilio de Jerusalén a explicar el resultado de esta conferencia, expresado tanto en forma negativa (vv.6, 10) como positiva (vv.7-9). Contrariamente a lo que afirmaban los judaizantes, la realidad es que los “tres” no impusieron cambios en su ministerio ni su mensaje. Es cierto que estos líderes querían que Pablo se preocupara por la situación de los pobres en Judea, pero ese pedido no estaba en desacuerdo con su especial ministerio, por lo que el Apóstol estuvo feliz de acceder a él. (Bien podría haber cierta conexión entre este pedido y la ofrenda de la que Pablo habla en Romanos 15:25-27 y 2 Corintios 8—9.

Dicho sea de paso, es importante observar que Pablo no veía ningún conflicto entre su ministerio de predicación y sus esfuerzos por satisfacer las necesidades físicas de los pobres.) Más importante, sin embargo, fue el resultado positivo. Jacobo, Pedro y Juan le mostraron respeto y lo trataron como a un igual. Se dice específicamente que ellos reconocieron que Dios le había dado a Pablo un don apostólico especial para trabajar entre los gentiles (v. 9). Hay cierta ironía en este hecho. Pablo mismo no apelaría a los “tres” como si dependiera de su autoridad (lo cual no hacía ninguna diferencia en la validez de su ministerio). ¡Los judaizantes, que sí habían apelado a esa autoridad, eran, sin embargo, quienes violaban el acuerdo de Jerusalén pidiendo que los gentiles se circuncidaran!





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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).

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