9 mar. 2015

La Única profecía segura

La Única profecía segura
Por Dr. Félix Muñoz


“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo – 2 Pedro 1:19-21 (RVR)”.



Y tenemos como más segura la palabra profética. Los profetas del AT habían predicho la venida de Cristo en poder y en gran gloria. Los acontecimientos del monte de la Transfiguración confirmaron estas profecías. Lo que los apóstoles vieron no echó a un lado las profecías del AT, ni las hizo más ciertas, sino que sencillamente añadió confirmación a las predicciones. Los apóstoles recibieron un atisbo anticipado de la gloria del futuro reino de Cristo.

La traducción que hace F. W. Grant del resto del versículo 19 es de utilidad. «… a la que hacéis bien en prestar atención (como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que el día amanezca y se levante la estrella de la mañana) en vuestros corazones». Observemos cómo usa Grant el paréntesis. Según su traducción, deberíamos vincular el prestar atención con en vuestros corazones. En otras palabras, deberíamos estar atentos en nuestros corazones. En Reina-Valera y muchas otras versiones, se traduce hasta que despunte el día y el lucero de la mañana alboree en vuestros corazones, y esto presenta dificultades prácticas de interpretación.



La palabra profética es la lámpara que alumbra. El lugar lóbrego u oscuro es el mundo. El amanecer del día señala el final de esta presente Edad de la Iglesia (Ro. 13:12). El alborear del lucero de la mañana representa la venida de Cristo a por Sus santos. De modo que el sentido de este pasaje es que deberíamos mantener siempre ante nosotros la palabra profética, atesorándola en nuestros corazones, porque nos servirá de lámpara en este mundo tenebroso hasta que termine esta era y aparezca Cristo en las nubes para llevarse al cielo a Su pueblo que le espera.

En los últimos dos versículos del capítulo, Pedro destaca que las Escrituras proféticas se originaron con Dios y no con el hombre: fueron inspiradas por Dios. Ninguna profecía de la Escritura procede de interpretación (u, origen, margen) privada. Esta declaración ha suscitado una gran variedad de interpretaciones. Algunas son absurdas, ¡como la postura de que la interpretación de la Biblia es derecho exclusivo de la iglesia y que nadie debería estudiarla individualmente! Otras explicaciones pueden ser expresiones de verdades, pero no dan el significado de este pasaje. Por ejemplo, es cierto que ningún versículo debería ser interpretado aislado de su contexto, sino a la luz del mismo y de todo el resto de la Escritura.

Pero Pedro está aquí refiriéndose al origen de la palabra profética, y no a la manera en que los hombres la interpretan después que haya sido dada. El argumento es que cuando los profetas se sentaban para escribir, no daban su interpretación privada de los acontecimientos ni sus propias conclusiones. En otras palabras, aquí interpretación no se refiere a la explicación de la palabra por parte de los que tienen la Biblia en forma escrita; más bien se refiere a la manera en la que la Palabra vino a ser en primer lugar. D. T. Young escribe:



De modo que el texto, rectamente entendido… declara que la Escritura no es humana en su origen último. Es la interpretación de Dios, no la del hombre. A menudo oímos que ciertas declaraciones de la Escritura representan las opiniones de David, o de Pablo, o de Pedro. Pero, hablando de manera estricta, no tenemos la opinión del hombre en estos Escritos Sagrados. En todos ellos tenemos la interpretación de Dios acerca de todo. Ninguna profecía de la Escritura es representativa de una interpretación individual: los hombres hablaron movidos por el Espíritu Santo.

De modo que la traducción que da la NKJV en el margen, origen, es bastante precisa, y, creemos, superior en este contexto.

Esto confirma la explicación que se acaba de dar en el v. 20. Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana. Como alguien ha dicho, «lo que escribieron no fue una elaboración de sus propias ideas, ni resultado de la imaginación, perspicacia o especulación humana». La realidad es que santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. De alguna manera que no podemos comprender con claridad, Dios dirigió a estos hombres en cuanto a las mismas palabras que debían escribir, y sin embargo no destruyó la individualidad ni el estilo de los escritores. Aquí tenemos uno de los versículos clave de la Biblia acerca de la inspiración divina.

En un tiempo en el que muchos están negando la autoridad de las Escrituras, es importante que nos mantengamos firmes acerca de la inspiración verbal y plenaria de la palabra inerrante. Por inspiración verbal queremos decir que las palabras tal como fueron originalmente escritas por los cuarenta o más escritores humanos fueron exhaladas por Dios (véase 1 Co. 2:13). Dios no dio un marco general o algunas ideas básicas para dejar luego que los escritores las redactasen como mejor les pareciese. Las palabras mismas que escribieron les fueron dadas por el Espíritu Santo.


Por inspiración plenaria queremos decir que toda la Biblia es igualmente dada por Dios, desde Génesis hasta Apocalipsis (véase 2 Ti. 3:16). Por inerrante, que la palabra de Dios que resulta está totalmente exenta de error en el original, no sólo en doctrina, sino también en historia, ciencia, cronología, y todas las demás áreas.

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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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