23 ago. 2015

EL REINO DE LOS CIELOS

EL REINO DE LOS CIELOS
Por: Dr. Félix Muñoz

"En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado - Mt 3:2 (RVR)".


Juan el Bautista era seis meses mayor que su primo Jesús (Lucas 1:26- 36). Entró en el escenario de la historia para servir como precursor del Rey de Israel. Su improbable parroquia fue el desierto de Judea, una árida región que se extendía desde Jerusalén hasta el Jordán. El mensaje de Juan era: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado». El Rey estaba a punto de aparecer, pero Él no podía reinar y no reinaría sobre una gente que seguía aferrada a sus pecados. Habían de cambiar de dirección, debían confesar y abandonar sus pecados. Dios estaba llamándoles del reino de las tinieblas al reino de los cielos.



En el versículo 2 tenemos la primera aparición de la frase el reino de los cielos, que se utiliza treinta y dos veces en este Evangelio. Ya que nadie puede comprender correctamente a Mateo sin comprender este concepto, es oportuno aquí definir y describir este término. El reino de los cielos es la esfera en la que se reconoce el gobierno de Dios. La palabra «cielos» se usa para denotar a Dios. Esto se muestra en Daniel 4:25, donde Daniel dice que «el Altísimo» tiene el dominio sobre el reino de los hombres. En el siguiente versículo dice que «el cielo» gobierna. Allí donde los hombres se someten al gobierno de Dios, allí existe el reino de los cielos.

Hay dos aspectos del reino de los cielos. En su sentido más amplio incluye a los que profesan reconocer a Dios como Supremo Gobernante. En su aspecto más estricto incluye sólo a quienes han sido genuinamente convertidos. Podemos representar esto mediante dos círculos concéntricos. El círculo grande es la esfera de la profesión; incluye a todos los que son súbditos genuinos del rey y también a los que sólo profesan adhesión a Él. Esto se ve en las parábolas del sembrador (Mt. 13:3–9), la semilla de mostaza (Mt. 13:31, 32) y la levadura (Mt. 13:33). El círculo pequeño incluye solamente a quienes han nacido de nuevo por la fe en el Señor Jesucristo. Sólo los convertidos pueden entrar en el reino de los cielos en su aspecto interior (Mt. 18:3).



Reuniendo todas las referencias que hay en la Biblia acerca del reino, podemos seguir su desarrollo histórico en estas cinco fases distintas:

Primero, el reino fue profetizado en el AT. Daniel predijo que Dios establecería un reino que nunca sería destruido ni cedería su soberanía a otro pueblo (Dn. 2:44). También previó la venida de Cristo para ejercer un dominio universal y eterno (Dn. 7:13, 14; ver también Jer. 23:5, 6).

Segundo, el reino fue descrito por Juan el Bautista, Jesús y los doce discípulos como cercano o presente (Mt. 3:2; 4:17; 10:7). En Mateo 12:28, Jesús dijo: «… si yo echo fuera los demonios en virtud del Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios». En Lucas 17:21 dijo: «Porque el reino de Dios está en medio de vosotros». El reino estaba presente en la Persona del Rey. Como veremos más adelante, los términos reino de Dios y reino de los cielos se usan de forma intercambiable.

Tercero, el reino se describe en una forma interina. Después de ser rechazado por la nación de Israel, el Rey volvió al cielo. Actualmente, mientras el Rey está ausente, el reino existe en los corazones de todos los que reconocen Su regia autoridad y sus principios morales y éticos, incluyendo el Sermón del Monte, siguen rigiendo en la actualidad para nosotros. Esta fase interina del reino se describe en las parábolas de Mateo 13.



La cuarta fase del reino es la que podría ser designada como su manifestación. Es el reinado de mil años de Cristo sobre la tierra, que fue prefigurado por la Transfiguración de Cristo, cuando fue visto en la gloria de Su reino venidero (Mt. 17:1–8). Jesús se refirió a esta fase en Mateo 8:11 al decir: «… vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos». La forma final será el reino eterno. Se describe en 2 Pedro 1:11 como «el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo».

La frase «el reino de los cielos» se encuentra sólo en el Evangelio de Mateo, pero «reino de Dios» se halla en los cuatro evangelios. Para todos los propósitos prácticos no hay diferencia. Se dicen las cosas acerca de ambos. Por ejemplo, en Mateo 19:23 Jesús dijo que le sería difícil a un rico entrar en el reino de los cielos. Tanto en Marcos (10:23) como en Lucas (18:24) se registra que Jesús dijo esto acerca del reino de Dios (Mt. 19:24 que tiene una máxima similar empleando «el reino de Dios»). Antes se ha mencionado que el reino de los cielos tiene un aspecto exterior y una realidad interior. El hecho de que lo mismo sea cierto del reino de Dios es prueba adicional de que ambos términos indican lo mismo. El reino de Dios también incluye lo real y lo falso. Esto se ve en las parábolas del sembrador (Lc. 8:4–10), de la semilla de
mostaza (Lc. 13:18, 19) y de la levadura (Lc. 13:20, 21). Respecto a su realidad verdadera e interior, en el reino de Dios sólo pueden entrar los que nacen de nuevo (Jn. 3:3, 5).

Una última cuestión a considerar es que el reino no es lo mismo que la iglesia. El reino empezó cuando Cristo emprendió Su ministerio público; la iglesia comenzó el día de Pentecostés (Hch. 2). El reino continuará en la tierra hasta que la tierra sea destruida; la iglesia continúa en la tierra hasta el Arrebatamiento (cuando Cristo tomará para Sí de la tierra a la iglesia cuando descienda del cielo y se lleve a todos los creyentes consigo (1 Ts. 4:13–18). La iglesia volverá con Cristo en Su Segunda Venida para reinar con Él como Su esposa. En la actualidad, las personas que están en el reino en su realidad verdadera e interior están también en la iglesia.

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Me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos - Jud 1:3 (RVR).
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